Hay historias que terminan, se archivan y descansan en paz. Y hay otras que quedan guardadas en el cajón de la cómoda, junto con las fotos viejas, las cartas que nadie se animó a tirar y ese teléfono celular que conserva mensajes capaces de incendiar medio Buenos Aires. La supuesta historia clandestina entre Benjamín Vicuña y Natalia Oreiro pertenece, por ahora, a esa segunda categoría: nunca fue confirmada por sus protagonistas, pero cada tanto vuelve a emerger con la fuerza de un calefón mal apagado. Esta vez fue Ángel de Brito quien abrió nuevamente el expediente y reveló que Pampita no solamente habría sospechado de aquel vínculo, sino que aseguraría tener pruebas. Como diría Doña Rosa mientras acomoda el mate: “Cuando el río suena, alguno dejó el celular sin contraseña”.
Todo comenzó a recalentarse el 24 de julio de 2026 en Ángel Responde, el ciclo de streaming que conduce De Brito por Bondi. Allí, sin demasiados moños ni papel de regalo, el periodista contó que Pampita habría estado convencida de que Vicuña y Oreiro mantuvieron algo más que una relación profesional durante las grabaciones de Entre Caníbales. “Vicuña parece que andaba con Oreiro en la novela. Esta era la sospecha de Pampita. Ella dice tener pruebas”, lanzó el conductor, dejando la granada sobre la mesa y alejándose con esa tranquilidad tan propia del que sabe que, en cinco minutos, tendrá el apellido del día convertido en tendencia.
Entre Caníbales se estrenó por Telefe en mayo de 2015. Era una producción ambiciosa dirigida por Juan José Campanella, protagonizada por Natalia Oreiro, Benjamín Vicuña y Joaquín Furriel. Natalia interpretaba a Ariana, una mujer que regresaba para vengarse de los hombres que habían abusado de ella durante su adolescencia, mientras Vicuña encarnaba a Agustín Larralde, un abogado con quien su personaje mantenía una relación intensa. La ficción tenía suspenso, política, poder, sexo y traiciones. Vamos, lo necesario para una novela y también para cualquier reunión de consorcio. Lo que nadie podía imaginar era que, más de una década después, la verdadera intriga no estaría en el guion, sino en lo que presuntamente habría ocurrido cuando se apagaban las cámaras.
En aquel momento, Pampita y Vicuña atravesaban una crisis que terminaría explotando públicamente a fines de 2015. Después llegaría el episodio del motorhome durante la filmación de El hilo rojo con la China Suárez, la manta de Nepal, la palta y todo aquel sainete nacional que convirtió una separación privada en una especie de cadena nacional sin himno. Pero, según la información reflotada ahora por De Brito, antes de aquella bomba habría existido otra sospecha que Carolina Ardohain nunca consiguió olvidar: la cercanía entre su entonces pareja y Natalia Oreiro durante Entre Caníbales.
Acá conviene poner los tantos en orden, porque el conventillo puede ser entretenido, pero tampoco es cuestión de condenar gente con una captura borrosa y dos panelistas levantando la ceja. Ni Oreiro ni Vicuña reconocieron públicamente haber tenido una relación sentimental durante la novela. Lo que existe es la versión periodística y la sospecha atribuida a Pampita. Y si bien De Brito afirmó que la modelo dice conservar pruebas, esas supuestas evidencias no fueron exhibidas públicamente. En criollo: hay expediente, hay testimonio y hay bronca, pero todavía no apareció el VAR que muestre la jugada desde todos los ángulos.
Sin embargo, el conflicto ya había mostrado la punta del ovillo en agosto de 2023, cuando Pampita visitó LAM y De Brito le preguntó si existía alguna actriz con la que jamás trabajaría. Carolina respondió que sí y explicó que esa persona no había tenido “empatía de mujer a mujer”. No dio nombres, pero añadió una frase digna de una película de suspenso: que la vida ya las haría encontrarse y que esperaría ese momento. En los programas de espectáculos, las redes y los portales, todas las miradas apuntaron inmediatamente hacia Natalia Oreiro. Después del revuelo, Pampita bajó algunos cambios y aclaró que no había nombrado a nadie, aunque el trompo ya había empezado a girar.
La historia sumó otro capítulo cuando se informó que Oreiro habría desistido de participar en un homenaje musical del Bailando 2023, donde Pampita integraba el jurado. Según contó De Brito por entonces, la presencia de Natalia estaba encaminada, pero la polémica habría enfriado la posibilidad. Nunca hubo confirmación directa de la actriz uruguaya sobre los motivos de aquella ausencia, aunque la versión instaló la imagen de dos figuras evitando cruzarse en una pista que, con Marcelo Tinelli de anfitrión, podía transformarse en el Coliseo romano con luces led.
Tres años más tarde, De Brito decidió levantar nuevamente aquella alfombra y mostrar todo el polvo que seguía debajo. Durante su relato recordó también una antigua nota realizada por Martín Salwe cuando todavía daba sus primeros pasos como cronista. Según contó, Salwe fue enviado a entrevistar a una Pampita que atravesaba uno de sus momentos personales más sensibles. Carolina estaba separada, furiosa y con la paciencia de un colectivero detenido detrás de un camión de mudanzas sobre la avenida Santa Fe. La entrevista habría sido tensa y dejó flotando aquella pregunta sobre la mujer con la que jamás compartiría trabajo.
De Brito resumió el clima con una frase todavía más explosiva: según su interpretación, Pampita no solamente estaría enojada con Oreiro, sino que “la quiere fajar”. La expresión debe entenderse dentro del tono hiperbólico y coloquial del streaming, no como el anuncio formal de una pelea organizada en el Luna Park. Pero alcanzó para demostrar que, al menos en el relato televisivo, aquella herida estaría lejos de cicatrizar. Porque hay perdones que llegan con el tiempo y otros que se quedan esperando el colectivo en una parada donde ya no pasa ninguna línea.
Lo curioso es que Pampita y Oreiro son dos de las mujeres más importantes, admiradas y exitosas del espectáculo rioplatense. Una construyó una carrera como modelo, conductora, empresaria y figura central de la televisión argentina. La otra se convirtió en actriz, cantante y símbolo internacional desde los tiempos de Muñeca Brava. Dos mujeres acostumbradas a caminar por alfombras rojas, pero que, según esta historia, habrían mantenido durante años una guerra fría digna de dos potencias nucleares. Se saludan con educación, sonríen para las cámaras y siguen adelante, mientras alrededor todos observan esperando que alguna pestañee primero. Como decía Moria Casán, “si querés llorar, llorá”, pero asegurate de que el móvil esté prendido.
En diciembre de 2024 volvieron a coincidir en los Martín Fierro de la Moda y la prensa analizó cada mirada, cada movimiento y cada centímetro de distancia entre ambas. Pampita aseguró entonces que el pasado estaba “re enterrado”. Una frase que parecía cerrar definitivamente el asunto. El problema es que en la farándula argentina los muertos mediáticos rara vez descansan. Siempre aparece alguien con una pala, un streaming y dos horas de programa por llenar.
Benjamín Vicuña, entretanto, quedó nuevamente parado en el centro de un triángulo construido con sospechas, versiones y viejas heridas. El actor chileno ya conoce de memoria ese papel: galán de ficción, protagonista involuntario de escándalos sentimentales y hombre al que el archivo televisivo persigue con la fidelidad de un perro, aunque la palabra fidelidad, precisamente en esta historia, pueda resultar un poco incómoda. Consultado en 2023 sobre las versiones que involucraban a Oreiro, evitó confirmar el supuesto romance y procuró mantenerse fuera del conflicto.
Natalia Oreiro tampoco salió a responder la nueva revelación. Y ese silencio, en lugar de apagar el fuego, suele funcionar como kerosene para la imaginación popular. Porque en la Argentina una desmentida genera sospechas, un silencio genera diez teorías y una publicación con una canción triste directamente convoca a una junta médica de panelistas. Pero el silencio no constituye una confirmación. Hasta que alguno de los protagonistas hable o aparezcan esas pruebas mencionadas, el romance continuará perteneciendo al territorio del rumor.
Lo cierto es que la frase de Pampita sobre la falta de “empatía de mujer a mujer” dejó una marca. No habló únicamente de una presunta infidelidad, sino de algo que para ella habría sido todavía más doloroso: sentirse traicionada por otra mujer que conocía su situación personal. Ese parecería ser el verdadero corazón del conflicto. A Vicuña lo separó de su vida, reorganizó su familia y continuó adelante. Pero hacia aquella actriz anónima, identificada públicamente por periodistas y redes como Oreiro, habría quedado un reproche diferente. “El hombre pasa, la traición queda”, podría haber dicho cualquier tía argentina después del segundo Cinzano.
También debe recordarse que Pampita sufrió durante años una exposición brutal de sus dolores más íntimos. Sus crisis, separaciones y discusiones fueron convertidas en entretenimiento diario. Cada enojo fue repetido, analizado y musicalizado como si se tratara del resumen de un partido. Por eso, detrás del costado sabroso del escándalo, hay una mujer que sintió que su vida se desarmaba mientras buena parte del país consumía pochoclos frente al televisor. El archivo entretiene, sí, pero a veces también conserva cicatrices.
Ángel de Brito volvió a encender una historia que parecía enterrada, pero no aportó por ahora las pruebas que Pampita supuestamente tendría en su poder. Ese detalle es central. Puede haber sospechas firmes, testimonios, fotografías interpretadas y gestos cargados de significado. Pero entre el “me contaron” y el “ocurrió” existe una avenida más ancha que la 9 de Julio. Mientras nadie la cruce con pruebas concretas, lo responsable es hablar de versiones y no de certezas.
EL VEREDICTO DE EL ARCHIVÓLOGO
El expediente Pampita-Vicuña-Oreiro reúne todos los ingredientes del gran melodrama argentino: una novela llamada Entre Caníbales, un supuesto romance detrás de cámara, una esposa que asegura haber descubierto algo, una actriz señalada sin ser nombrada, un galán perseguido por sus antecedentes y Ángel de Brito haciendo de escribano del espectáculo. Más redondo imposible. Ni Alberto Migré con tres cafés encima se animaba a tanto.
¿Hubo realmente una relación clandestina entre Benjamín Vicuña y Natalia Oreiro? Hasta hoy, 28 de julio de 2026, no existe confirmación pública de ninguno de los dos. ¿Pampita cree que ocurrió y dice tener pruebas? Según Ángel de Brito, sí. Esa es la información concreta. Todo lo demás se mueve en ese territorio pantanoso donde la memoria, el dolor y la farándula se mezclan hasta que nadie sabe bien dónde termina la verdad y comienza el show.
Pampita dijo que el pasado estaba enterrado, pero alguien evidentemente dejó una mano afuera. Y en la televisión argentina, cuando del cajón sobresale aunque sea un dedo, siempre aparece un conductor dispuesto a tirar. Como habría dicho Tato Bores mirando a cámara: “Vermouth con papas fritas… y que vuelva a empezar”. Porque podrán cambiar los canales, desaparecer los programas y mudarse el escándalo al streaming, pero hay algo que nunca cambia: en este país, el archivo no perdona, el público no olvida y los secretos sentimentales tienen más vidas que un gato de conventillo.
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