EL BOLSILLO NO DA TREGUA: LA POBREZA HABRÍA VUELTO A SUBIR

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EL BOLSILLO NO DA TREGUA: LA POBREZA HABRÍA VUELTO A SUBIR

Hay números que viven cómodos en una planilla de Excel y otros que se sientan a la mesa. La pobreza pertenece a los segundos. Se nota cuando el changuito del supermercado lleva cada vez menos cosas, cuando la carne empieza a negociarse como si fuera una joya y cuando el famoso “no llego a fin de mes” deja de ser una frase para convertirse en una rutina. Y las últimas estimaciones privadas encendieron una luz bastante incómoda: la pobreza habría vuelto a crecer en la Argentina durante el primer semestre de 2026.

El dato que más impacta pertenece a ExQuanti. La consultora calcula que el país habría pasado de 13,4 millones de personas pobres en el segundo semestre de 2025 a 15,1 millones durante los primeros seis meses de 2026. Dicho sin maquillaje estadístico: 1,7 millones de personas más habrían quedado debajo de la línea de pobreza en apenas seis meses. La estimación significaría además el quiebre de tres períodos consecutivos de mejora.

Ahora, una aclaración imprescindible para no vender pescado podrido: todavía no es el número oficial. El INDEC tiene previsto publicar el dato correspondiente al primer semestre el 24 de septiembre. El último registro oficial semestral disponible había marcado una pobreza del 28,2% para el segundo semestre de 2025, después del 31,6% del primer semestre de ese año. Por eso lo que sucedió durante estos primeros seis meses de 2026 resulta especialmente importante: permitirá saber si aquella fuerte caída logró sostenerse o comenzó a darse vuelta.

Y ExQuanti no está sola tocando la campana. El nowcast de pobreza de la Universidad Torcuato Di Tella, dirigido por Martín González-Rozada, estima actualmente un 31,3% para el período marzo-agosto de 2026, con un intervalo de confianza de entre 29,8% y 32,8%. La proyección representa alrededor de 9,4 millones de pobres dentro de los 31 aglomerados urbanos relevados por la EPH, que abarcan una población cercana a 30 millones. No debe confundirse ese número con una estimación para toda la población argentina.

¿Dónde empezó a trabarse la cosa? En el bolsillo. Según el análisis de Di Tella, para ese período la Canasta Básica Total aumentó 34,7% interanual, mientras que los ingresos totales familiares proyectados crecieron 25%. Cuando la canasta corre más rápido que el sueldo, no hace falta llamar a Sherlock Holmes: cada vez más hogares quedan del lado equivocado de la línea.

También aparece otro problema menos vistoso que el dólar pero bastante más cercano a la heladera: el empleo formal. Los datos del SIPA citados en los informes difundidos esta semana muestran que en junio había 12,757 millones de trabajadores registrados, 0,9% menos que un año antes. Dentro de ese universo, el empleo asalariado registrado cayó 1,5% interanual y el sector privado perdió alrededor de 121.000 trabajadores. Al mismo tiempo, buena parte del empleo generado viene apareciendo entre cuentapropistas y trabajadores informales.

Ahí está probablemente una de las claves. Tener trabajo ya no garantiza necesariamente escapar de la pobreza. ExQuanti calcula que, pese a la recuperación posterior al golpe de 2024, el ingreso real promedio de los trabajadores todavía estaba durante el primer trimestre de este año 13% debajo del nivel del tercer trimestre de 2017. Entre quienes tienen menores ingresos, la distancia llegaba al 18%.

La película completa, sin embargo, tiene más de una escena. La pobreza había caído muy fuerte después del pico registrado en 2024, acompañada por la desaceleración de la inflación y la recuperación de ingresos. Según las reconstrucciones basadas en estadísticas oficiales, entre el primer trimestre de 2024 y el tercero de 2025 salieron de la pobreza unos 12,9 millones de personas. Por eso estas nuevas proyecciones no borran aquella mejora, pero sí advierten algo bastante menos simpático: el descenso habría encontrado un piso y comenzado a revertirse.

Y hay un número todavía más terrenal. En agosto, según los valores difundidos para las canastas, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.605.497 mensuales para no ser considerada pobre y $726.469 para superar la línea de indigencia. Ahí se termina cualquier discusión abstracta sobre porcentajes: es la plata que tiene que entrar todos los meses antes de pagar gustos, vacaciones o cambiar el celular. Estamos hablando del piso para cubrir necesidades básicas.

El Gobierno podrá mostrar, con datos, la fuerte reducción de la pobreza producida después del salto de 2024; sus críticos pondrán el foco en el deterioro que estas estimaciones señalan durante 2026. Ambas discusiones tendrán un dato mucho más sólido sobre la mesa el 24 de septiembre, cuando hable el INDEC. Hasta entonces corresponde escribir “habría”, aunque al periodismo le produzca urticaria semejante prudencia.

Porque detrás del 28,2, del 31,3 o de los 1,7 millones hay algo que ninguna estadística consigue disimular: gente haciendo cuentas frente a una góndola. La pobreza no pregunta a quién votaste ni mira el Excel del ministro de turno. Mira cuánto entra, cuánto sale y qué queda después del día 20. Y si las proyecciones se confirman, Argentina habrá recibido una advertencia bastante clara: bajar la inflación fue una parte enorme del problema, pero hacer que los ingresos y el trabajo vuelvan a alcanzar es la otra mitad de la película.

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