Hay apellidos que ya no necesitan nombre. Decís Barreda y automáticamente se enciende un televisor de tubo en la cabeza de millones de argentinos. Vuelve el zócalo rojo de Crónica, el móvil en la puerta de una casa de La Plata, los diarios abiertos sobre la mesa del bar, el café que se enfría mientras alguien dice: «No puede ser…». Porque hubo casos que dejaron de ser noticia para transformarse en una marca de época. Y el de Ricardo Barreda fue uno de ellos. No era un capítulo más de Policiales. Era el tema del que hablaba el taxista, el kiosquero, la peluquera, el vecino de la vuelta y el tipo que hacía la cola en el banco. Como dice el refrán, «pueblo chico, infierno grande», solo que esta vez el pueblo era toda la Argentina.
Ahora Prime Video decidió volver sobre aquella historia con «Barreda», una película protagonizada por Luis Machín que se estrenará el 28 de agosto y que, a diferencia de tantas reconstrucciones anteriores, busca poner el foco en quienes durante años quedaron tapadas por el apellido del asesino: Gladys McDonald, sus hijas Cecilia y Adriana, y Elena Arreche. Porque el tiempo pasó, pero hay heridas que no conocen el calendario.
El 15 de noviembre de 1992 el país quedó paralizado cuando se conoció que un odontólogo había asesinado a escopetazos a su esposa, a sus dos hijas y a su suegra dentro de su propia casa. Eran otros tiempos. No existían las redes sociales ni los celulares filmando todo. Las noticias llegaban por la televisión, por la radio o por el diario de la mañana siguiente. Y cuando explotó el caso, parecía que el país entero hablaba de lo mismo. «Cuando el río suena, agua trae», repetían muchos intentando encontrar una explicación. Otros largaban el clásico «algo habrá pasado». Frases que el tiempo terminó desarmando porque no existe explicación posible para semejante horror.
Como suele pasar en la Argentina, el caso también dejó frases, mitos y discusiones interminables. Durante años hubo quienes analizaron hasta el último gesto de Barreda, su manera de hablar, sus declaraciones y hasta su vida después de la cárcel. El personaje terminó ocupando más espacio que las propias víctimas. Y ahí estuvo, quizás, la mayor injusticia. Porque mientras el asesino seguía apareciendo en programas de televisión y ocupando tapas de revistas, los nombres de las cuatro mujeres asesinadas se iban perdiendo en la memoria colectiva.
La película dirigida por Daniela Goggi parece querer romper justamente con esa lógica. Luis Machín será el encargado de interpretar a Barreda, acompañado por Carla Peterson, Mercedes Morán, Maite Lanata, Paola Barrientos, Marcelo Subiotto y Alberto Ajaka Y Margarita Paez entre otros, en una producción que promete reconstruir uno de los casos policiales más estremecedores de la historia argentina desde una mirada distinta, donde las víctimas recuperan el lugar que nunca debieron perder.
Los argentinos tenemos una relación muy particular con la memoria. Nos acordamos perfectamente dónde estábamos cuando pasó algo que nos sacudió. Recordamos el ruido de la televisión, la tapa de la revista Gente en el kiosco, las discusiones familiares y hasta el comentario del vecino. Somos especialistas en guardar escenas enteras en un rincón de la cabeza. Por eso alcanza con nombrar Barreda para que vuelva todo de golpe. Pero también es cierto que la memoria, a veces, hace trampa. Nos hace recordar al protagonista equivocado.
EL VEREDICTO DE EL ARCHIVÓLOGO
Dicen que «el tiempo pone las cosas en su lugar». Ojalá esta película lo consiga. Porque durante demasiados años la historia se contó alrededor del asesino. Ya es hora de que la memoria haga justicia, aunque sea desde la pantalla, y vuelva a poner en primer plano a quienes perdieron la vida. Hay historias que no regresan para alimentar el morbo. Regresan para recordarnos que olvidar también puede ser una forma de perder.
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