PERNÍA DEJÓ A TODOS PLANTADOS Y STEPHY AYALA EXPLOTÓ

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PERNÍA DEJÓ A TODOS PLANTADOS Y STEPHY AYALA EXPLOTÓ

Hay una máxima vieja del espectáculo argentino que sobrevivió a las plumas, al teléfono de Entel, al fax, a Intrusos y ahora al streaming: el artista puede llegar tarde, pero no puede hacer quedar pagando al que lo espera. Porque como decía Alberto Olmedo, “éramos tan pobres…”, pero jamás tan pobres como para quedarnos sin una explicación. Y el martes por la noche, en Censurados, el ciclo que conduce Stephy Ayala por Diucko Tv Digital, hubo una silla que empezó siendo expectativa y terminó convertida en noticia: la de Gregorio Pernía, el popular Titi de Sin senos no hay paraíso, que estaba anunciado, fue esperado y finalmente no apareció.

Y atención, porque no hablamos de un NN al que había que explicarle dónde quedaba la cámara. Pernía llegó a Buenos Aires como una figura internacional, en plena promoción de su espectáculo “Ave María”, anunciado para este miércoles 16 de septiembre en el Teatro Ópera. Telefe lo presentó justamente como una de las figuras populares del entretenimiento latinoamericano, con una propuesta de música, baile y humor. El propio Pernía había dicho días antes, durante su paso por Perú: “Yo no soy famoso. Soy popular”. Linda frase. Ahora bien, ser popular también tiene una pequeña letra chica: cuando das la palabra, del otro lado hay gente organizándose en función de ella.

En Censurados lo esperaron de verdad. No como ese “capaz viene” que se tira para inflar un graph. Durante el programa, Ayala avisó primero que la visita estaba prevista y que, hasta ese momento, Pernía venía. Más tarde informó al aire que el actor estaba en Canal 7 y que desde allí harían lo posible para que llegara. Es decir: mientras la producción seguía sosteniendo la expectativa, el hombre todavía estaba haciendo televisión en otro lado.

Y acá empieza el verdadero asunto. Porque detrás de una entrevista no hay solamente dos sillones y una cámara prendida. Hay productores, técnicos, maquilladores, fotógrafos, invitados, horarios, auspiciantes y compromisos comerciales. En esa misma emisión Stephy fue mostrando buena parte de esa maquinaria: presentó y agradeció al equipo, a producción, maquillaje, fotografía, técnicos y al canal, además de los distintos espacios comerciales que acompañaban la noche. Dicho en criollo: había una estructura preparada para recibir a Pernía. Y cuando un invitado de semejante peso confirma una presencia, sponsors, catering, atención VIP y producción se acomodan alrededor de esa visita. Después puede aparecer un imprevisto, naturalmente. Pero una producción no se arma con estampitas y buena voluntad.

Stephy Ayala aguantó bastante. Siguió conduciendo, presentó invitados, mantuvo el ritmo y evitó convertir desde el comienzo la ausencia en un velorio televisivo. Y eso también hay que marcarlo. La conductora no apareció ayer de un repollo: es cantante, compositora y creadora de la denominada “cumbia rosa”, y lleva tiempo combinando escenario y conducción. Otros perfiles publicados sobre ella ya destacaban justamente esa doble condición de artista y conductora. Además Censurados es un espacio de música, entrevistas, humor e imprevisibilidad conducido por una Stephy con personalidad y despliegue.

Pero llegó un momento en que la procesión dejó de ir por dentro.

Cuando finalmente se habló de Pernía, el programa informó que había pedido disculpas porque se sentía mal. Esa fue la explicación transmitida al aire y corresponde presentarla como tal, no como un diagnóstico comprobado. Ayala, sin embargo, puso sobre la mesa una contradicción que le hizo ruido: el actor continuaba en Canal 7 mientras otros medios habían quedado esperando. Y ahí se calentó el estudio.

Stephy fue particularmente dura por algo que excedía a su propio programa. Según contó al aire, Televisión 33 habría esperado a Pernía desde la mañana con más de 150 personas y él nunca llegó. También expresó su solidaridad con Locos de Atar y sostuvo que otras transmisiones previstas habían sido dadas de baja.

Y ahí está la diferencia entre pegar por pegar y hacerse cargo de lo que uno dice. Stephy dio nombres, explicó lo ocurrido desde su lado y hasta dejó abierta una puerta. En vez de mandarlo simbólicamente a Colombia en encomienda, planteó que Pernía podía compensar la ausencia presentándose el viernes en Censurados TV y disculparse con la gente que lo había esperado. Picante, sí. Terminante, también. Pero con derecho a réplica incorporado.

Mientras tanto, el programa siguió. Y eso quizá haya sido la mejor respuesta.

Estuvieron Daisy, diseñadora que contó su trabajo con prendas únicas; Selva debutó como panelista; Milton, llegado desde Córdoba, aportó su desparpajo y habló de su recorrido profesional. También apareció Silvina, la empresaria puntana que se hizo viral por aquella promoción de alojamiento gratis durante los partidos de la Selección. La mesa, lejos de quedarse mirando la puerta como Penélope en la estación, continuó funcionando.

La cantante venezolana Francis regaló uno de los momentos más sensibles de la noche con Desarraigo, una composición nacida de vivir lejos de su país y su familia. Después apareció Vanina Coria, con música, humor y una entrevista que recuperó historias de su paso por distintos ciclos televisivos. También hubo espacio para emprendedores y servicios, en esa mezcla extraña pero efectiva que tiene el streaming actual: en cinco minutos podés pasar del amor a un grupo electrógeno y nadie llama a Defensa Civil.

Y apareció Máximo, que venía con el envión de la presentación de “Downtown” y habló de las repercusiones que había tenido su lanzamiento. Incluso se metieron con la química que mostró con Stephy en el videoclip. El programa podía haberse convertido en dos horas preguntando “¿llegó Pernía?”. No lo hizo. Siguió generando contenido.

Eso deja a Ayala particularmente bien parada. No porque haya que canonizarla ni ponerle una estampita rosa, sino porque hizo lo que debe hacer una conductora cuando el invitado central te altera el libreto: bancar el vivo, llenar el espacio, proteger a quienes sí fueron y, cuando corresponde, contarle al público qué pasó.

Porque también existe una regla no escrita del ambiente que los viejos productores conocían perfectamente: el invitado importante es el que llega.

Pernía tiene una carrera extensa, un personaje querido y un público enorme. Nada de eso desaparece por una ausencia. También puede haberse sentido genuinamente mal, tal como fue comunicado al programa. Pero si, como sostuvo Censurados, durante la misma jornada quedaron varios medios esperando una visita previamente acordada, hay una explicación que la prensa argentina merece escuchar de primera mano.

Como decía Tato Bores, siempre nos queda aquello de que “la culpa es del otro”. Pero en televisión hay algo todavía más antiguo que Tato: la palabra empeñada.

El Titi vino a la Argentina con un espectáculo llamado Ave María. Después de la noche que vivieron algunos colegas, alguno habrá pronunciado precisamente esas dos palabras, aunque probablemente con varios términos más en el medio.

Y mientras Gregorio no llegó, Censurados salió igual.

Porque como decía el viejo refrán, a rey muerto, rey puesto. Aunque en este caso nadie murió, por suerte. Solamente quedó una silla vacía, un catering esperando y una conductora que decidió que no le iban a censurar el enojo.

Eso, querido lector, también es televisión.

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