“Toto” Caputo la dejó chiquita: cruzó a Delfina Rossi y la mandó al rincón del acomodo

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“Toto” Caputo la dejó chiquita: cruzó a Delfina Rossi y la mandó al rincón del acomodo

Y un día, el “Toto” se cansó. Luis Caputo, ministro de Economía y hombre de Milei que la rema entre planillas, auditorías y herencias del quilombo eterno, se plantó firme en redes y le dio cátedra —con estilo y sin filtro— a Delfina Rossi, la hija del histórico Agustín Rossi, actual directora del Banco Ciudad y ex figura del manual del “acomodo K”.

Todo arrancó cuando el Gobierno anunció una jugada fuerte: una recompra de deuda soberana con la asistencia del JP Morgan. Una movida que —como todo en este país— se transformó en show de Twitter antes de pasar por el Congreso. Delfina, fiel al palo irónico de la militancia con mate y consigna, escribió una especie de obra teatral burlona donde sugería que Caputo se beneficiaba de su pasado en el JP Morgan.

Pero Toto no es de dejarla pasar.

“Delfina, somos y representamos exactamente lo opuesto. Yo podría trabajar en el sector privado por más de diez veces lo que gano en el sector público. Lo hago por la patria”, le contestó.

Y ahí empezó la clase magistral de realismo económico y cachetazo político.

Caputo no solo la frenó con argumentos, sino que tiró una bomba que quedó flotando en X (ex Twitter):

“Vos trabajás por acomodo y para chorear un sueldo que no te merecés. Como siempre lo hizo tu padre.”

💥 ¡BOOM! Silencio de radio en los pasillos del progresismo. Hasta los community managers del Banco Ciudad deben haber pedido licencia.

Mientras tanto, los libertarios y medio país se relamían viendo el cruce. Milei, fiel a su estilo, no se quedó atrás: metió varios RT y cerró con un simple “Masterclass de Toto. Fin.”

El trasfondo del chicaneo fue una operación llamada “Deuda por Educación”, un mecanismo para recomprar deuda vieja, reducir intereses y liberar fondos para inversión educativa. Algo que, para Caputo, es “poner la plata donde importa”, pero que el kirchnerismo lee como “negociar con el enemigo”.
Y sí, el enemigo es siempre el mismo: el mercado, Wall Street, el JP Morgan… básicamente cualquier cosa que no huela a ministerio estatal.

Caputo fue claro: podría estar laburando afuera cobrando diez veces más, pero eligió bancar la parada en un país donde muchos solo critican desde un sueldo garantizado. Y encima, reveló que sus hijos laburan gratis para el Estado.
¿Austeridad o locura? Para el “Toto”, patriotismo puro.

Lo que quedó en evidencia no fue solo la chicana. Fue el abismo que separa a los que viven del Estado de los que intentan enderezarlo. Delfina Rossi, heredera política y ex funcionaria del Banco Nación durante el kirchnerismo, representa esa casta que Milei prometió limpiar.


Y Caputo, más allá de su tono frontal, encarna la idea de que la política no tiene que ser un club de amigos ni un refugio de ñoquis de apellido ilustre.

Las redes explotaron. “La dejó nocaut”, “Se la comió cruda”, “Masterclass en tiempo real”. Los hashtags #TotoCaputo y #DelfinaRossi se colaron en las tendencias, y la grieta volvió a servir café.

Mientras tanto, el ministro sigue de gira, cerrando acuerdos y preparando la próxima jugada económica con EE.UU., mientras la oposición sigue en el eterno casting de tuits indignados.


En un país donde los acomodos son más comunes que los asados del domingo, Caputo metió una de esas frases 
No habló solo de Delfina: habló de toda una generación que confunde militancia con empleo.
Y como dijo Milei… “Masterclass de Toto. Fin.”

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