«Meu amor… vos podés engañá a un árbitro, podés engañá un rival… pero al Tarot no lo engañá ninguém…»
Por estos días, mientras millones de personas analizan formaciones, estadísticas, mapas de calor y probabilidades matemáticas, hubo alguien que decidió consultar a un técnico mucho más antiguo. Sin computadora. Sin inteligencia artificial. Sin VAR.
Una vieja baraja de Tarot.
Y cuando las cartas empezaron a caer sobre la mesa, el silencio se hizo dueño del ambiente.
Porque el encargado de interpretarlas fue nada menos que Gozao Dos Santos, el ya famoso Chamán Brasilero, ese personaje mitad gurú, mitad vendedor de humo profesional, que habla un español condimentado con portugués, promete conexiones cósmicas con el universo y siempre arranca igual.
—«Meu amooor… senta acá pertinho… hoje vamo conversá con los espíritus del futebol…»
El hombre apareció vestido con su clásica túnica color esmeralda, un collar imposible de contar, un sahumerio que perfumaba todo el ambiente y un mate que, según él, «está bendecido por Iemanjá y por Don Julio Grondona juntos».
Difícil saber cuánto de chamán tiene y cuánto de personaje. Pero una cosa es segura: cuando empieza a mezclar portugués, español y chamuyo, cuesta dejar de escucharlo.
Porque Gozao no vende certezas.
Vende espectáculo.
Y vaya si sabe hacerlo.
Esta vez decidió realizar una de las tiradas más grandes desde que comenzó el Mundial 2026. Diez cartas para cada partido de cuartos de final. Sin repetir arcanos. Sin mirar estadísticas. Solamente dejándose llevar por «las energías del universo», como él mismo repite mientras acomoda las cartas con una solemnidad que haría sonreír hasta al más escéptico.
«Meu amor… acá no hablá ESPN… acá hablá universo…», aclaró antes de empezar.
La primera consulta fue por Inglaterra frente a Noruega.
Las cartas comenzaron a aparecer una detrás de otra.
El Emperador. La Fuerza. El Sol. El Ermitaño. La Justicia.
Gozao cerró los ojos unos segundos y acarició la barba inexistente que siempre parece estar pensando.
—«Inglaterra tá chegando muito firme… muito organizada… tiene cabeça fría… pero cuidado, meu amor… porque cuando uno pensa que tá todo controlado… aparece la sorpresa…»
Del otro lado de la mesa aparecieron cartas mucho más inquietantes para Noruega.
La Luna. El Diablo. El Colgado. La Rueda de la Fortuna.
«Noruega tiene talento… muito talento… pero las carta mostrán caminos difíciles… precisa de un milagro futbolístico…»
El Chamán no se animó a dar un resultado exacto.
«Universo nunca gosta de soberbia… pero Inglaterra aparece con luz un poquito más forte…»
Hasta ahí todo parecía relativamente normal.
Pero la verdadera consulta todavía estaba esperando.
La mesa se limpió.
Se encendió otro sahumerio.
Gozao apoyó lentamente las manos sobre el mazo.
Y pronunció una frase que ya se convirtió en marca registrada.
«Meu amor… agora vamo chamá la energía albiceleste…»
Era el turno de Argentina frente a Suiza.
La tensión cambió completamente.
Porque cuando juega la Selección, hasta las cartas parecen acomodarse distinto.
El Chamán mezcló el mazo durante casi un minuto entero.
No habló.
No sonrió.
Simplemente dejó caer los arcanos.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
La primera carta fue El Sol.
Gozao levantó una ceja.
«Muito boa…»
Después apareció El Mundo.
El Chamán dejó escapar una pequeña sonrisa.
«Meu amor… isso tá ficando interessante…»
La tercera carta fue La Estrella.
Ya no ocultaba el entusiasmo.
«Quando aparecén Sol… Mundo… e Estrella juntos… difícil encontrá energía más positiva…»
Pero todavía faltaban varias cartas.
La cuarta fue La Templanza.
La quinta…
El Carro.
Gozao golpeó suavemente la mesa.
«Movimiento… victoria… avanzar…»
Luego aparecieron La Fuerza, El Juicio, El Mago, La Emperatriz y finalmente La Rueda de la Fortuna.
El Chamán respiró hondo.
Miró fijo a cámara.
Y dijo una frase que seguramente dará que hablar.
«Meu amor… hace muito tempo que no veía una tirada tan luminosa para Argentina…»
Según explicó, las cartas no muestran un partido sencillo.
Todo lo contrario.
«Suiza viene organizada… disciplinada… como un relógio suíço… pero Argentina tiene algo que las cartas no consiguen esconder… confianza…»
Mientras hablaba, iba señalando cada arcano con un dedo.
«Acá tá Messi iluminando grupo… acá tá líder invisible… acá tá pueblo creyendo… acá tá destino empujando…»
Después vino, claro, la parte más discutible.
Porque Gozao empezó a hablar directamente con las energías.
«Escuchame universo… no hacé bromita con nosotros, hein…»
Y ahí apareció el verdadero personaje.
Ese chamán entrañable, un poco vendedor de ilusiones, bastante caradura y absolutamente querible.
«Meu amor… si Argentina entra concentrada… difícil… muito difícil que estas cartas fallen…»
¿Significa que Argentina ya está en semifinales?
No.
Ni el propio Gozao se anima a decirlo.
«Tarot nunca obliga… Tarot solamente mostrán caminos… quien caminá son los jugadores…»
Y ahí está quizá el secreto de su éxito.
Nunca vende una verdad absoluta.
Siempre deja una puerta abierta para que el misterio siga respirando.
Mientras millones revisan estadísticas, porcentajes de posesión y modelos predictivos, él sigue apostando por algo mucho más antiguo.
Un mazo de cartas.
Un poco de humo.
Mucho carisma.
Y una frase que ya es marca registrada.
«Meu amor… si las cartas hablán… Gozao solamente traduce…»
Habrá que esperar si el universo le vuelve a dar la razón.
O si, como tantas veces ocurre en el fútbol, la pelota decide escribir una historia completamente distinta. Porque, al final de cuentas, el Mundial tiene algo que ni siquiera el mejor chamán puede controlar.
La imprevisibilidad.
Y por suerte… ahí sigue estando la verdadera magia del fútbol.
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