Si hay algo que late fuerte en esta ciudad —además del bondi repleto y la charla de café que no termina nunca— es la búsqueda de respuestas. Y en pleno siglo XXI, cuando las viejas certezas se evaporan como el humo del faso en la 9 de Julio a las tres de la mañana, apareció alguien capaz de poner palabras a esa incertidumbre que todos alguna vez hemos sentido en la panza. Ella tiene nombre propio: Abigail, la tarotista que no te lee la mano ni te vende espejitos de colores: te acompaña a mirar adentro como quien revisa los cajones del alma sin chamuyo.
Desde que entrás a su mundo —que está tan cerca como un WhatsApp, y tan profundo como un tango de Gardel — te das cuenta de que no es una tarotista más. Es la tarotista. El corazón de CABA y el misticismo porteño chocan de frente con esa mezcla entre claridad espiritual y sentido común que tiene Abigail. Ella es clara pero no así su trago perfecto que es: Café, hielo, tónica y una rodaja de naranja disecada. En su propio sitio web se presenta sin vueltas: “Soy tu canal entre el universo y vos”, y no suena a frase hecha, suena a invitación de amigo verdadero —de esos que te dicen la posta aunque duela.
Nada de lecturas light. Lo que ofrece es un viaje en sí mismo: recorrer tiempos, alma y mente con foco en tu evolución, en tu sanación, en la comprensión genuina de lo que te pasa… y de por qué te pasa. Porque en la vida, como decía la vieja, “nada pasa por casualidad, todo pasa por algo”. Sus consultas no son charlas de sobremesa: son diálogos con lo profundo, para sacar al sol temas que estaban ahí, escondidos en un cajón oscuro con llave.
La magia de Abigail —y esto no es verso— está en cómo toma el Tarot: no como adivinación de feria, sino como espejo para que te mires vos mismo. Sus sesiones pueden ser Tarot Evolutivo, Lecturas Vinculares, Tarot Predictivo, todo dependiendo de lo que vos traigas a la mesa. Cada lectura es una historia, cada carta una luz que se enciende en la oscuridad personal.
Pero ojo: no se queda solo en las cartas. También abraza lo que muchos sienten pero pocos nombran: la energía. Armonizaciones energéticas, radiestesia que alinea tu espacio, tu mente, y hasta la energía de tus mascotas. Todo para llevar de baja frecuencia a alta frecuencia, como cuando, después de una semana de laburo agotador, te tomás un fernecito con amigos y por un rato te olvidás de todo.
Si hay una frase que pega justo con la vibra de Abigail es esa que dice “si tuvieras conciencia de antemano de ciertas cuestiones… ¿tomarías las mismas decisiones que tomaste?”: ese golpe de realidad que nos deja pensando una semana entera.
Y claro, si uno mira sus redes —ese lugar donde la magia digital se mezcla con lo íntimo— lo que se ve es una presencia que no te grita: te escucha. Sus seguidores no están ahí por moda pasajera, están ahí porque —como muchos testimonios anónimos compartidos en comunidades— después de una lectura con ella, la gente cuenta que “salió con más claridad que cuando llegó”, que “fue profundo y sanador”, que “no es solo tarot, es acompañamiento”.
Es esa combinación de intuición, seriedad y cariño lo que hace que su trabajo sea más que una consulta: es un encuentro con vos mismo. Porque en este país donde todo tiende a polarizarse —como el peronismo vs antiperonismo, Boca vs River, mañana llueve vs mañana sale el sol— Abigail ofrece un espacio donde la única pelea es con tus propias sombras, y la victoria es sentirte más liviano al final.
En la Argentina de hoy, llena de incertidumbres, de giros inesperados y de deseos de entender “¿por qué yo?”, hay pocas voces que logran un equilibrio entre el corazón y la cabeza. Abigail no te promete milagros, pero sí te ofrece claridad, acompañamiento y la fuerza para mirar de frente tus propios desafíos. Es como ese amigo que te dice la verdad en la cara con una empatía que duele y te cura al mismo tiempo. Porque cuando el destino te pasa factura, necesitas alguien que no te tire magia barata… sino que te enseñe a encontrar tu propia luz en el mazo de cartas. Podes encontrarla en www.abigailtarot.com.ar
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