En la vereda caliente de Radio Mitre, el sindicalista farmacéutico y candidato a diputado Marcelo Peretta decidió hacer lo que muchos piensan y pocos se animan: ir a pedirle explicaciones cara a cara a Eduardo Feinmann. Nada de Twitter, nada de gritos por auriculares: cuerpo a cuerpo, en la puerta de la radio, como en los viejos tiempos de Mauro Viale.
Porque si algo sobra en la Argentina es gente que habla de más detrás de un micrófono. Y Peretta, que viene bancando sus convicciones sin padrinos pesados ni multinacionales atrás, le tiró la posta en la cara al periodista estrella de Mitre:
«¿Qué tenés conmigo que me bardeás todos los días en tu programa sin nunca darme derecho a réplica?»
El encuentro fue eléctrico. Feinmann, con ese estilo de «doctorcito indignado», intentó gambetearlo con frases tibias, pero Peretta no se comió la curva. Lo apretó con palabras, con presencia y con la verdad incómoda: el periodista operó encuestas para desprestigiarlo y jamás lo dejó hablar en sus espacios.
Como dijo el Bambino Veira una vez: «Vos podés chamuyar al mundo, pero en la cancha se ven los pingos». Y ayer, la cancha fue la vereda de la radio.
Cuando el tema explotó en redes, apareció el vocero presidencial, Manuel Adorni, con un comunicado de manual: “Mi total solidaridad con Eduardo Feinmann…”.
Solidaridad tuitera, barata, de esas que se escriben con un dedito en el celular mientras se espera el café. Muy lindo para la tribuna, pero vacío. Porque la verdad es que el que se bancó los chicanazos de siempre fue Peretta, y el que puso el cuerpo también fue él.
Algunos dicen que Adorni quiso sobreactuar apoyo al periodista para congraciarse con el círculo rojo, pero en la práctica quedó como ese amigo que llega a la pelea cuando ya la levantaron del piso.
Feinmann corrió a victimizarse: habló de “apriete sindical”, de “emboscada” y hasta se comparó con un perseguido político. Una película que ya vimos mil veces. Lo cierto es que lo filmaron en HD y quedó claro que el periodista no se la bancó de frente. Como dijo Moria Casán: “Si tenés miedo, comprate un perro”.
Peretta no lo fue a patotear, lo fue a pedir explicaciones. Y sí, terminó con gritos y hasta una patadita, pero la raíz del asunto es otra: el poder de los micrófonos para defenestrar gente sin dejarla defenderse.
Lo que molesta de Peretta es que no se calla. Que no juega al sindicalismo de moño y cóctel en Puerto Madero. Que dice las cosas en la cara y va a fondo. Y eso en un país donde muchos periodistas se creen intocables, suena a escándalo.
Como diría el Diego: “Que la sigan mamando”. Porque a la hora de plantarse, Peretta no necesitó ni escribas ni laderos de traje caro: fue él, su hijo filmando, y una verdad incómoda que puso nervioso al “doctor indignado” del prime time radial.
El veredicto de El Archivologo
En esta esquina, un periodista que se ampara en el micrófono y en los comunicados de solidaridad de manual.
En la otra, un sindicalista que, con todos sus defectos, no tiene miedo a poner el cuerpo.
La gente en la calle ya lo dijo con humor porteño:
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“Peretta le dio más rating a Feinmann que la mesa de Mirtha.”
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“Adorni apareció para decir obviedades, como siempre.”
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“El que se victimizó fue el periodista, pero el que puso los huevos fue el gremialista.”
Y la Revista La Realidad lo deja clarito: en este round, Peretta ganó por puntos. Porque en la Argentina real, la que se vive en la vereda, la gente respeta más al que encara de frente que al que se esconde detrás de un micrófono y un tuit solidario.
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