Por Gonzalo Guardia: El Archivologo
Hay cartas del Tarot que uno da vuelta y sigue conversando tranquilamente. Sale El Sol, respiramos. Aparece La Estrella, qué belleza. Pero cuando cae sobre la mesa La Torre, Arcano XVI, al consultante se le transforma la cara como si acabara de llegarle una carta documento.
Y sin embargo, La Torre no nació para anunciar que se termina el mundo.
La historia del Tarot es bastante más curiosa de lo que suele contarse. Los primeros testimonios aparecen en la Italia del siglo XV, particularmente alrededor de Milán, Venecia y Florencia. Y acá viene la sorpresa: aquellas cartas no fueron creadas originalmente para adivinar el futuro, sino para jugar. La asociación fuerte entre Tarot, ocultismo y adivinación llegó siglos después.
Entre esos triunfos apareció una imagen destinada a convertirse en una de las más inquietantes de toda la baraja.
CUANDO LA TORRE NI SIQUIERA SE LLAMABA TORRE
En el Tarot de Marsella, nuestro Arcano XVI lleva un nombre mucho más enigmático: La Maison Dieu, “La Casa de Dios”. Y durante siglos hubo variantes todavía más extrañas. Algunos mazos representaron el arcano como el rayo, el fuego o una construcción alcanzada desde el cielo. Incluso el British Museum conserva un tarot flamenco del siglo XVIII donde el XVI se llama La Foudre, “El Rayo”, y lo que recibe la descarga no es una torre sino un árbol.
¿De dónde salió entonces semejante imagen?
Una de las interpretaciones históricas más populares la relaciona con la Torre de Babel: el hombre construye hacia el cielo convencido de su propio poder y algo superior termina bajándole los humos. Pero conviene separar historia de leyenda: no existe consenso entre los historiadores que demuestre que Babel haya sido realmente el origen de la carta. La asociación funciona simbólicamente de maravilla, pero no podemos venderla como partida de nacimiento del arcano.
Y ahí empieza lo verdaderamente interesante.
Porque La Torre habla de estructuras.
Una pareja que hace años dejó de funcionar pero continúa por costumbre. Un trabajo que nos está haciendo pelota pero que no nos animamos a dejar. Una mentira que construimos cuidadosamente hasta que ya no puede sostenerse. Una imagen nuestra que mostramos al mundo aunque sabemos perfectamente que adentro somos otra cosa.
Entonces llega el rayo.
¡Pum!
Se acabó la función.
La Torre no necesariamente destruye nuestra vida. Destruye aquello que ya estaba flojo pero nosotros insistíamos en llamar sólido.
Por eso, cuando me aparece en una tirada, nunca la leería automáticamente como “viene una desgracia”. Puede hablar de una verdad inesperada, una ruptura, una revelación, una estructura que cae o un cambio brusco. Y siempre depende de la pregunta y de las cartas que la acompañan. Porque leer un arcano aislado como sentencia es más o menos como escuchar una frase de una película y pretender conocer el argumento entero.
La imagen que hoy reconoce prácticamente todo el mundo quedó especialmente marcada por el Rider-Waite-Smith, publicado a comienzos del siglo XX, con las ilustraciones extraordinarias de Pamela Colman Smith: una torre sobre una elevación, el rayo, la corona arrancada de la cima y dos figuras precipitándose. Esa iconografía terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos visuales del Tarot moderno.
Pero hay una perlita histórica todavía mejor: La Torre y El Diablo no están entre las cartas conservadas del célebre Tarot Visconti-Sforza del siglo XV. El mazo está incompleto, de modo que no podemos saber con seguridad cómo eran originalmente esas cartas o incluso si llegaron a realizarse.
Y quizás por eso La Torre conserva semejante poder.
Porque es incómoda.
No nos dice necesariamente que perderemos algo. Nos pregunta si aquello que estamos desesperados por conservar merece realmente seguir en pie.
Los argentinos tenemos una frase brutalmente sencilla para explicarla: “No hay mal que por bien no venga.” La Torre es exactamente ese instante anterior, cuando todavía estamos mirando los escombros y no conseguimos encontrar el famoso bien por ningún lado.
También podría aplicarse aquel viejo dicho: “Lo que mal empieza, mal acaba.” Aunque yo le agregaría algo desde el Tarot: algunas veces tiene que acabar precisamente para que pueda empezar otra cosa.
Así que la próxima vez que aparezca La Torre, antes de asustarte preguntá:
¿Qué está derribando?
Porque quizás el Tarot no esté diciendo “se viene lo peor”.
Quizás esté diciendo:
“Eso que parecía indestructible ya cumplió su ciclo. Ahora vas a descubrir qué queda de vos cuando deje de estar.”
Y ahí, justamente ahí, comienza la verdadera lectura. 🔮
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