Alejandra López llegó de abajo, pero hoy mueve la brocha como productora en Necochea con una fuerza que podría hacer tambalear a más de un titán de traje. Es la prueba viviente de que no hace falta nacer en Recoleta ni tener un pariente con apellido ilustre para dejar huella: con ganas, empuje y un poco de cuero, se va haciendo camino en esa ciudad costera que muchos conocen por su arena, pero pocos por sus historias.
Hace veinte años, Alejandra no soñaba con cámaras ni luces: trabajaba como cuidadora de adultos mayores en hospitales, en colinas o en sus propias casas. Esa rutina, pesada para muchos, fue su escuela. Ahí aprendió a escuchar, a acompañar, a entender las grietas que a veces ni vos sabés que tenés. “Cuando trabajás con gente grande, no es solo darles un vaso de agua: es darles dignidad”, me dice con esa sencillez de quien no cree que hace algo extraordinario, porque para ella era el pan de cada día.
Después dio otro salto: vendió calzados e indumentaria. De eso arrancó a construir su independencia. Se asoció con la bellísima interprete Stephy Ayala, de “Cumbia Rosa”, y juntas crearon una boutique: la llamaron Superpoderosas. El nombre no es caprichoso; suena a manifiesto: ella que pasó por tanto sabe que todo puede transformarse en poder si lo organizás bien, si no te achicás cuando te viene la tormenta.
Pero no es solo empresaria: también política, con un pie clavado en Necochea y otro en su pasado en «Fernández». Donde su mirada cambió para siempre: su misión, explica, es ayudar a los adultos mayores a valerse por sí mismos cuando no entienden las redes sociales, enseñarles algo tan simple como mandar un mensaje de WhatsApp, y al mismo tiempo darles un lugar para compartir: merienda los jueves, tortas, masas, pizzas, bingos, bailes, yoga. No es un club de jubilados: es una pequeña revolución social.
Tiene bajo su ala alrededor de 70 abuelos, y algunos pibes también. No es poca cosa: cada jueves reparte mercadería y se asegura de que todo el mundo esté bien atendido. No está construyendo cadenas de favores, está generando comunidad, algo que tantos políticos prometen y pocos hacen. Es como cuando Diego Maradona decía que había que estar con la gente, no solo para la foto: Alejandra vive esa cercanía del “yo estoy con vos”.
Y ojo, porque para bancarse todo esto tiene que ser muy fuerte: es madre de seis hijos, tiene 16 nietos, está separada y, en sus ratos libres —que son pocos, casi míticos— agarra la bici, va al gimnasio. Esa vida suya parece salida de un tango: “porque la vida es una herida absurda, decia el Polaco. Pero para ella no es drama: es su cotidianidad. Independiente y guerrera, como dice la frase justa: “acá no vinimos a pasear”.
La productora que hoy nace en Necochea no tiene un estudio gigante ni respaldo millonario. Tiene historias, tiene empatía, tiene un equipo de artistas con los que empezó prácticamente “desde cero”. Ayuda a los suyos, les da plataforma, arma la producción de forma artesanal pero con la ambición de quien sueña en grande. No es una jefa, es una hermana que te da una mano y te dice: “dale, no aflojes”.
Para muchos, la frase sería: “es más difícil subir que bajar”. Pero para Alejandra López la realidad es otra: haber subido desde abajo es su mérito más grande, y ahora, con su productora, está bajando de nuevo para levantar a otros.
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