Hay escándalos… y después está esto. Lo de la jueza Julieta Makintach no fue un simple “zas” institucional: fue como ver un capítulo perdido de “Cha Cha Cha” mezclado con “Casados con Hijos”, pero con toga, camaristas, y el fantasma del Diego mirándolo todo desde arriba diciendo: “¿En serio, muchachos? ¿Así me van a juzgar la muerte?”
Porque sí, amigues, destituyeron a la jueza Makintach. Chau togas, chau estrados, chau jubilación, chau todo.
A partir de hoy, queda más afuera del Poder Judicial que Caruso Lombardi de un sorteo de buena suerte.
A las 10:40 de la matiné judicial, en el Anexo del Senado bonaerense, el jury bajó el martillazo:
destituida e inhabilitada de por vida.
No es metáfora. Es literal. De por vida.
Como diría Moria: “La única justicia divina es el karma, bebé”. Y parece que acá llegó con puntualidad inglesa.
El fallo tiene 115 páginas. Sí, 115. Ni la guía de teléfonos.
Makintach no se presentó. Mandó a los abogados, como el que manda al primo a devolver un VHS sin rebobinar.
Todo esto se armó por el bendito documental “Justicia Divina” que se estaba filmando al mismo tiempo que el juicio por la muerte de Diego Maradona.
O sea… imaginate: vos vas a declarar y atrás tuyo aparece alguien iluminando como si estuvieras en un backstage de ShowMatch.
Claramente era una mezcla de tribunal y set de filmación.
Ni Spielberg se animaba a tanto.
Verónica Ojeda, su hijo Dieguito Fernando y su pareja (y abogado) Mario Baudry se sentaron en primera fila.
Cuando se escuchó el veredicto, Dieguito clavó un “justicia por papá” que te hacía temblar hasta el último fileteado del palacio municipal.
Apenas cayó la sentencia, Rodolfo Baqué —otro de los abogados de la causa— salió a decir que ahora también va por los otros dos jueces del tribunal:
Verónica Di Tommaso y Maximiliano Savarino.
Y ahí tiró la frase que hoy va a quedar para el archivo:
“Parecían Pinky y Cerebro, Di Tommaso vestida de rosa rococó como para un documental.”
¿Hace falta agregar algo?
Es la primera vez en años que un expediente judicial suena más a Televisión Registrada que a un fallo.
A la salida, Baudry dijo que lo que hizo el jury estaba perfecto.
Que Makintach es la única que cree que hizo todo bien.
Y que ahora, sin fueros, la justicia penal puede ponerse a laburar tranquila.
Y remató con otra frase digna de cajón archivológico:
“La gente está cansada de este tipo de jueces. La política y la justicia se pusieron los pantalones largos.”
Un palo para las tribunas
Baudry dejó flotando la idea de nuevas investigaciones para los colegas del tribunal original.
Porque, según él, Makintach ya los dejó expuestos.
La novela continúa.
Próximo capítulo: “¿Quién sabía qué, cuándo y cómo?”.
Atenti, que acá hay tela para cortar más que en el taller de Gino Bogani.
Lo de hoy no es una simple destitución:
es una postal del país donde lo que debía ser un juicio histórico terminó pareciendo un casting fallido de ficción judicial.
Como diría Tato Bores: “Si esto es la justicia, ¿imaginate la injusticia?”
La caída de Makintach no borra el dolor de la familia Maradona,
pero marca un antes y un después:
por fin un jury que no se hizo “el dolobu”.
Y en algún lugar del cosmos, el Diego debe estar diciendo su clásico:
“¿Viste? Al final, la pelota no se mancha… pero algunos estrados sí.”
Archivo cerrado.
Hasta la próxima, que seguro viene calentita.