Mirá qué finde se mandó el muchacho de Pilar. Franco Colapinto arrancó el domingo corriendo en Brasil con un auto que parecía una licuadora sin tapa —porque no agarraba ni una curva—, pero terminó sonriendo como si hubiera ganado Mónaco. ¿El motivo? Boca le pintó la cara a River y el pibe, que la vio venir antes de que ruede la pelota, se subió al tren de la alegría bostera.
Así, con la simpleza del que te pide una napolitana con fritas, tiró su profecía. En el paddock de Interlagos, con el ruido de los motores atrás, Colapinto declaró a Cadena 3: “Mientras gane Boquita, estamos bien”. Y como si el universo bostero lo hubiese escuchado —o Riquelme hubiese hecho magia con la mirada—, el resultado se dio clavado: 2 a 0, goles del Changuito y Merentiel.
Ni Nostradamus fue tan preciso.
Terminó la carrera, el auto un desastre, el puesto 15 más frío que abrazo de suegra… pero el pibe agarró el celu y subió la plaquita del 2-0. “Vamoooo Boquitaaaa”, escribió, con más pasión que balance aerodinámico. Y claro, ahí todos los bosteros lo adoptaron como si fuera parte del plantel.
Porque el que banca a Boca después de un finde complicado, hermano, ya es familia.
Porque siempre hay un bonus track. En medio del quilombo del clásico, aparece la diosa pop en el templo azul y oro, con Riquelme entregándole una camiseta con el número 10. La mina, fascinada, dice: “Me encanta la energía, es perfecta la gente”.
Y Franco, rápido de reflejos como cuando esquiva un sobreviraje, le responde en Instagram:
“Era ganar o ganar hoy. Lo que es la motivación… que venga a alguna carrera”.
Listo. El pibe no sólo pilotea un Fórmula 1: pilotea la vida. Tiró una línea internacional, con timing y picardía. Porque si Dua Lipa aparece en un box de Alpine, olvidate… el pibe pasa de Q1 a QDua.
Después, en conferencia, el piloto analizó su carrera: “No había ritmo, no teníamos grip, el balance era malo…” y uno ya lo escuchaba resignado, como cualquier argentino cuando ve el recibo de sueldo. Pero detrás de esa bronca, había otra cosa: la felicidad bostera, esa que te salva el finde aunque te quedes sin puntuar ni en el truco.
Y ahí entendés todo: Colapinto puede andar 15° en la tabla, pero en argentinidad está primero cómodo. Porque mientras el resto se queja del coche, él se emociona por un gol del Changuito.
Franco es de esos que te hacen creer que se puede. Que la camiseta pesa más que el alerón. Que los sueños se aceleran a puro corazón. Y que si las cosas no salen, no pasa nada: total, Boca ganó y Dua Lipa lo leyó.
Como decía Mostaza: “Paso a paso, pero con estilo”. Y si encima sos bostero y te animás a tirar onda en inglés, hermano… ya sos patrimonio nacional.
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