Mirá cómo son las cosas en esta Argentina de nunca acabar. En el acto de cierre de campaña de Milei en Moreno, que pintaba más para ring de box que para mitin político, el saldo lo pagó un laburante de la prensa: Cristian Mercatante, un tipo de esos que no se esconden detrás del escritorio ni hacen “periodismo de café con leche”. Él se mete donde quema, porque entiende que el oficio se hace con barro en los zapatos y no con mocasines lustrados.
El Negro Fontanarrosa lo decía: “El mundo sin humor sería insoportable”. Bueno, sin periodistas como Mercatante sería ingobernable. Porque este flaco tiene historia, calle y piel curtida. Nació en el ruido, atravesó adicciones, conoció la calle como cama, sufrió el drama de perder a su vieja en una tragedia familiar atroz, y aún así se reinventó.
La tele lo conoció en 2001, cuando fue parte de El Bar, ese reality que lo puso en boca de todos y después lo dejó en banda. Él mismo lo reconoció: “De ser el genio del Bar pasás a ser el boludo del Bar”. Pero el pibe no se quebró. Como cantaba Charly: “Los dinosaurios van a desaparecer”. Y en su caso, desapareció la fama hueca para aparecer el hombre de verdad.
Mercatante sobrevivió a la calle, a las internaciones, al silencio mediático. Luis Ventura lo rescató cuando lo vio revolviendo basura y Pamela David, la reina de Desayuno Americano, le tendió la mano para que volviera al medio. Desde ahí, no paró. Producción en Kuarzo, móviles en vivo, crónicas policiales, la tele vieja y la nueva: siempre al pie del cañón.
Y en Moreno, cuando fue a laburar, le tocó el botellazo. Nada nuevo bajo el sol argentino, donde los poderosos se blindan en camionetas y los que cuentan la historia quedan expuestos a la violencia de la calle.
⚖️ El Veredicto del Archivólogo
Cristian Mercatante no necesita que lo pongan en flyers ni que lo aplaudan en el Sahara de Las Vegas. Su currículum no es de galas ni de embajadas, sino de sobrevivir en Lugano, de dormir en un refugio, de volver a empezar con nada. Y ahora, de seguir poniendo el cuerpo frente a un poder que habla de libertad mientras sus actos se parecen más a un pogo desbocado.
Como decía el Flaco Spinetta: “Mañana es mejor”. Y periodistas como Mercatante son la prueba de que, a pesar de todo, hay futuro. Porque si un tipo que conoció la miseria hoy está detrás de cámara, produciendo y dando la cara en cada móvil, entonces no todo está perdido.
El botellazo duele, claro. Pero en el archivo de la vida, lo que queda grabado es otra cosa: Cristian Mercatante es periodismo con mayúsculas.
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