COLONIA, TAN CERCA Y TAN CHIC

Escuchar esta noticia
Powered by Evolucion Streaming
x1

descarga (69).png

Hay viajes que requieren tres valijas, una planilla de Excel, ocho meses de ahorro y una discusión familiar en Ezeiza. Y después está Colonia del Sacramento, ese pequeño lujo oriental que queda enfrente de Buenos Aires y permite cruzar el Río de la Plata para sentirse lejos sin haber ido realmente tan lejos.

Colonia es ideal para los argentinos que necesitan una pausa, pero no quieren embarcarse en una expedición digna de Marco Polo. Se llega en ferry desde Buenos Aires, el cruce directo puede durar alrededor de una hora y cuarto y existen servicios operados por Buquebus y Colonia Express. Los horarios, las tarifas y las promociones cambian según la fecha, así que conviene comprar con anticipación y comparar antes de cerrar el viaje. La humanidad logró complicar hasta la compra de un pasaje en barco, pero todavía puede resolverse.

La primera impresión es encantadora. Colonia tiene ese estilo discreto, antiguo y sofisticado que no necesita andar anunciando que es sofisticado. Calles de piedra, casas bajas, faroles, árboles añosos, pequeños cafés y el Río de la Plata apareciendo al fondo como una escenografía perfectamente calculada. Es una ciudad para caminar despacio, sacar fotos, sentarse a tomar algo y fingir durante unas horas que uno no tiene mensajes pendientes ni vencimientos.

El corazón del paseo es el Barrio Histórico, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1995. Allí se mezclan construcciones portuguesas y españolas, vestigios coloniales y rincones que parecen congelados en otra época. Colonia fue fundada por los portugueses en 1680 y durante años fue disputada entre ambas coronas, cuestión bastante habitual en aquellos tiempos, cuando Europa repartía territorios ajenos como quien decide dónde colocar los muebles.

descarga (70).png

Uno de los puntos obligatorios es la Calle de los Suspiros, probablemente la calle más fotografiada de Uruguay. Es angosta, empedrada, irregular y está rodeada por viejas construcciones de estilo portugués. Su nombre tiene varias explicaciones posibles: condenados que caminaban hacia su destino final, antiguos prostíbulos, el sonido del viento o una leyenda de amor trágico. Como suele ocurrir con las mejores historias, nadie sabe con absoluta certeza cuál es la verdadera, pero todas quedan estupendas contadas durante una cena.

Muy cerca están la Puerta de la Ciudadela, las ruinas del Convento de San Francisco y el famoso Faro de Colonia, construido en el siglo XIX. Subir permite contemplar el casco histórico, el río y los techos de la ciudad desde arriba. No es necesario tener alma de influencer para disfrutarlo, aunque probablemente termine apareciendo alguna foto mirando el horizonte con expresión de persona que acaba de comprender el sentido de la vida.

También vale la pena recorrer la Plaza Mayor, entrar en algunos de los pequeños museos del casco antiguo y caminar hasta la costa. Colonia no es un destino para correr de atracción en atracción marcando casilleros. Su mayor encanto está en el ritmo. Uno camina, mira, se sienta, vuelve a caminar, encuentra un patio, una galería o un café y se queda un rato. Es turismo sin silbato, una rareza muy saludable.

Para quienes dispongan de más tiempo, aparece el Real de San Carlos, a pocos kilómetros del centro. Allí se encuentra la antigua Plaza de Toros, inaugurada en 1910 como parte de un ambicioso complejo turístico impulsado por el empresario Nicolás Mihanovich. El lugar recuperó protagonismo luego de su restauración y hoy constituye uno de los grandes paseos históricos de la zona.

En materia gastronómica, Colonia juega sobre seguro: carnes, pescados, pastas, quesos, vinos uruguayos, chivitos y meriendas abundantes. Los restaurantes del casco histórico suelen tener precios más turísticos, especialmente aquellos con ubicación privilegiada. Conviene mirar cartas, comparar y alejarse algunas cuadras del circuito principal cuando el presupuesto exige un poco menos de poesía y algo más de sensatez.

La escapada puede hacerse en el día, aunque quedarse una noche cambia por completo la experiencia. Cuando parten muchos visitantes, las calles recuperan silencio, se encienden los faroles y el barrio histórico adquiere una atmósfera mucho más íntima. Ahí aparece la verdadera Colonia, sin apuros y sin tanta persona intentando fotografiar exactamente la misma ventana antigua.

Los argentinos pueden viajar a Uruguay con DNI físico vigente y en buen estado o con pasaporte. No sirve el DNI digital del teléfono, la constancia de documento en trámite ni los ejemplares deteriorados. Quienes viajen con menores deben revisar además las autorizaciones y la documentación correspondiente antes de salir del país.

La mejor época depende del gusto personal. En primavera y otoño el clima suele ser agradable para caminar, mientras que el verano permite disfrutar más de la costa, aunque también concentra mayor movimiento. En invierno tiene un perfil romántico y tranquilo, ideal para parejas, escapadas de amigos o para cualquiera que quiera sentarse frente al río con un café y mirar la vida ajena, una actividad porteña que se practica perfectamente en territorio uruguayo.

descarga (68).png

Colonia del Sacramento es cercana, elegante, histórica y fácil de recorrer. Tiene arquitectura, gastronomía, paisajes y esa calma oriental que los argentinos admiramos profundamente durante dos días, antes de regresar corriendo a tocar bocina en una esquina.

En definitiva, es una escapada perfecta para salir del país sin convertir el viaje en una mudanza, respirar un poco y recordar que a veces el lujo no consiste en ir demasiado lejos, sino en encontrar un lugar donde nadie parezca estar apurado.

Compruebe también

VACACIONES DE INVIERNO: LOS ARGENTINOS NO DEJAN DE VIAJAR, PERO AHORA SACAN LA CALCULADORA ANTES DE HACER LA VALIJA

VACACIONES DE INVIERNO: LOS ARGENTINOS NO DEJAN DE VIAJAR, PERO AHORA SACAN LA CALCULADORA ANTES DE HACER LA VALIJA

▶ Escuchar esta noticia Powered by Evolucion Streaming x1 Hubo una época en la que …