Por Marian Bernardez: Para Revista La Realidad
En La Bombonera no se jugó un partido: se escribió otra página del eterno poema azul y oro. Boca le ganó 2-0 a River, lo paseó, lo mandó a la Sudamericana y, de yapa, se clasificó derechito a la Libertadores 2026. Porque cuando Boquita se prende, no hay VAR ni milagro que lo pare.
El primero en romper el hielo fue Exequiel “Changuito” Zeballos, ese pibe que tiene más gambeta que deuda el FMI. Encendido, encarador, con la chispa de los 10 de antes, la colgó del ángulo y desató la locura del barrio. Después vino Miguel “La Bestia” Merentiel, que no perdona ni los abrazos. Metió el segundo y selló la historia con la furia de quien te grita el gol mirándote a los ojos.
Dos golazos, dos nombres que ya están tatuados en el inconsciente bostero. La Bombonera fue una caldera: se movían las tribunas como en los viejos tiempos, esos en que el cemento vibraba y el alma se te salía por los cachetes.
Claudio Úbeda, sin vender humo, la hizo simple: orden, hambre y corazón. El Xeneize está puntero en la zona A y mostrando una identidad que combina garra con estilo, sin tanto marketing ni laboratorio táctico. Boca volvió a jugar como Boca: sin pedir permiso y con el orgullo del que se sabe grande.
Y ojo, que esto no fue casualidad: el equipo viene derechito, con jugadores metidos, con la Bombonera empujando y con un clima de esos que huelen a copa.
Del otro lado, River se fue como quien pierde algo y no sabe ni dónde buscarlo. Un equipo confundido, sin alma ni respuesta. Gallardo —el mismo que alguna vez parecía tener el manual del éxito— suspendió la conferencia de prensa. Silencio atroz, diría Niembro.
La cabeza gacha, los murmullos en el vestuario y la sensación de que el ciclo ya no acelera ni en bajada.
Porque cuando Boca está bien, River lo siente. Y esta vez, lo sintió en carne viva.
La Bombonera fue una postal de felicidad. Los papelitos, los bombos, las gargantas rotas. El hincha bostero volvió a gritar con esa emoción que no se negocia. Se abrazaron los viejos, los pibes, los que la vivieron en los 90 y los que recién empiezan a entender por qué el azul y oro no se explica: se siente.
Y como si fuera poco, la victoria metió al Xeneize en los playoffs y lo clasificó a la Libertadores 2026. Porque cuando Boquita se propone algo, te lo cumple. Sin prometer nada. Sin frases de motivación. A puro corazón y camiseta.
En la última fecha, Boca recibe a Tigre en su casa, donde el cemento late como un corazón. River, en cambio, deberá ir a Liniers a visitar a Vélez. Y quién te dice… por ahí el fútbol le devuelve un guiño. Pero por ahora, la foto del finde es una sola: Boca arriba, River abajo.
Como dijo alguna vez Mostaza: “Paso a paso… pero primero vos ganá el clásico.”
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