Carlos Salvador Bilardo siempre fue más que un técnico de fútbol. Médico, estratega, obsesivo, personaje… y, en un rincón inolvidable de nuestra historia reciente, también político. Sí, el Doctor, el mismo que soñaba jugadas hasta en la mesa de un bar, se lanzó a la arena política a mediados del 2001 con el Partido de la Unidad (Partido Uno).
Quien firma esta nota, Gonzalo Guardia, El Archivólogo, fue parte de esa locura hermosa como integrante de la Juventud Bilardista, acompañando al Doctor en ese sueño presidencial. Todo empezó gracias a un puente clave: Juan Manuel “El Bambino” Pons, mi profesor en la Escuela de Periodismo Deportivo. El Bambi, con esa voz inconfundible que nos regaló mil relatos de goles, fue quien me presentó al Doctor. Y no fue sólo un presentador: fue uno de los motores silenciosos que acercó a Bilardo al mundo de la política, convencido de que su liderazgo y su manera de ver la vida podían ir más allá de la cancha.
El Bambino siempre supo mover fichas en silencio. Fue él también quien, en aquellos días, le dijo a Marcelo Bielsa que se venía el llamado más esperado: el cargo de Director Técnico de la Selección Argentina rumbo al Mundial Corea–Japón 2002. Visionario, frontal y con un olfato único para las jugadas fuera de la cancha, Pons dejó huella no sólo en la radio y la televisión, sino también en esta historia poco contada.
Entre cafés en Florida y Lavalle juntando avales para el Partido Uno, las columnas radiales en La Hora de Bilardo y las recorridas por canales zonales con el programa político La Casa de Uno, la militancia bilardista mezclaba épica futbolera con sueños de país. Éramos un grupo chico pero ruidoso, convencidos de que el Doctor tenía la estrategia precisa para gobernar como dirigía: con táctica, obsesión y equipo.
Claro, el proyecto nunca terminó de despegar. El país se derrumbaba a finales del 2001 y la política estaba en crisis. Pero los que estuvimos ahí sabemos que lo vivido fue único. Bilardo irradiaba esa aura que hacía callar a todos cuando entraba a un lugar. Y nosotros, los pibes de la Juventud Bilardista, lo mirábamos como a un prócer.
Hoy, con nostalgia, me queda la certeza de que esa etapa fue más que un delirio pasajero: fue un intento real de llevar la mentalidad bilardista a la política. Y fue también un lujo haber compartido ese sueño con dos gigantes: el Doctor Bilardo y el Bambino Pons, cada uno a su manera, maestros de la estrategia y de la pasión argentina.
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