Hoy cumple 42 pirulos Arjen Robben, nacido un 23 de enero de 1984, en Bedum, Holanda. Y aunque pasaron años, títulos, finales y goles, en Argentina hay una imagen que no se borra ni con aguarrás: Robben encarando por derecha, perfilado para la zurda, y nosotros diciendo al unísono:
“No, no, no… ¡otra vez este hdp!”
Porque Robben fue eso: una pesadilla educada, un extremo que avisaba lo que iba a hacer… y aun así lo hacía. Como el mejor puntero de potrero, pero con GPS europeo y laboratorio alemán.
Robben fue hijo dilecto de esa Holanda que siempre jugó lindo y sufrió igual. De Cruyff a él, la línea es clara: gambeta, verticalidad, orgullo. Pasó por PSV, Chelsea, Real Madrid, pero fue en el Bayern Múnich donde se convirtió en leyenda: diez años, goles decisivos, Champions, Bundesliga como si fueran figuritas repetidas.
Un tipo que, como decía Fontanarrosa, “no gambeteaba por gusto, gambeteaba por necesidad”. Y cuando se cerraba el partido, la pedía igual.
Pero si hay un capítulo especial para el hincha argentino, es el Mundial de Brasil 2014, semifinales, Argentina–Holanda. Partido áspero, cerrado, de dientes apretados. Y ahí aparece él.
Minuto eterno. Robben pica al vacío, queda mano a mano. Todo el país ve el gol. Ya estábamos puteando al televisor, al destino, a la historia…
Y de la nada, Mascherano mete la punta del botín, como si estuviera barriendo el patio de la infancia. Salvó la patria.
Fue un segundo. Pero fue eterno. Como diría el Diego:
“Ahí se te pasa la vida por adelante.”
Después vinieron los penales, el “hoy te convertís en héroe”, y sí: les ganamos. Pero ojo, con respeto. Porque Robben desequilibró siempre, aun cuando no entró.
Robben fue eso que en la cancha se valora: coraje. Jugó finales, erró, volvió a intentar. Perdió la del 2010 contra España, pero en 2014 fue Balón de Bronce. Nunca se borró. Nunca se hizo el distraído.
Y encima, historia de vida pesada: superó un cáncer joven, convivió con lesiones, volvió, insistió. Un tipo que entendió que el fútbol es injusto… pero igual se juega.
Hoy, a 42 años de su nacimiento, Robben ya es archivo vivo. De esos que cuando aparecen en un video viejo te hacen decir:
“Qué jugador, eh…”
Y si alguna vez soñaste con ser Robben, con encarar por la banda, frenar, enganchar y clavar la zurda como cachetada de suegra, hay maneras de sentirlo en la piel.
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Como diría el Flaco Menotti:
“El fútbol se explica desde la emoción, no desde la estadística.”
Y Robben, guste o no, nos emocionó… y nos hizo sufrir.
Eso también es grandeza.
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