AMOR, STORY Y ALLANAMIENTO: EL ROMANCE DE WANDA NARA QUE TERMINÓ EN QUILOMBO
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En este país podés cambiar de técnico, de ministro de Economía y hasta de dólar, pero hay algo que nunca falla: Wanda Nara siempre está un paso adelante del quilombo. Y cuando parecía que el nuevo capítulo romántico venía con salida familiar, sonrisa de revista y foto prolija para Movilpress, ¡zas! Se picó todo.
Según contó sin anestesia Nazarena Di Serio, Wanda dejó de seguir a Martín Migueles. Así, seco, como diría Mirtha: “carísimo, pero ordinario”. “Se terminó. Anoche”, tiró Di Serio, con tono de acta policial más que de chimento.
Porque hoy, en el mundo Wanda, dejar de seguir es más fuerte que un comunicado. Es el “andate sin hacer ruido” del siglo XXI.
Todo habría arrancado con una historia subida de tono junto al financista, que duró menos que promesa de campaña. La gente, siempre solidaria para opinar, salió con los tapones de punta: “Che, hay niños”, “no da”, “una cosa es mostrar y otra ostentar”. Traducido al criollo: mostrá, pero no tanto.
Wanda, que sabe leer el clima mejor que el Servicio Meteorológico, borró la historia. Pero el daño ya estaba hecho. Porque en redes, lo que se borra queda, y lo que queda vuelve.
Mimi, con la malicia justa que pide el prime time, deslizó la teoría que todos pensamos: “Para mí es estrategia de Wanda. Pasado mañana lo sigue de nuevo. Mañana la vemos celebrando con él”.
Y sí… Wanda es eso. Un mix de ajedrecista, influencer y directora de su propio reality. Como decía Diego: “la pelota no se mancha”, pero el Instagram sí.
Pero acá la cosa se pone más espesa que café recalentado. Gustavo Méndez metió el dato que cambia el tono de la novela: Martín Migueles estaría siendo investigado por maniobras con dólar oficial y blue. Un clásico argentino, casi patrimonio cultural.
El nombre aparece vinculado a una financiera ligada a Elías Piccirillo, ex de Jesica Cirio, hoy detenido. Allanamiento, pendrive con pruebas, celulares bajo la lupa… y uno de esos teléfonos, según se dice, sería el de Migueles.
O sea: no solo problemas con Wanda, sino también con la Justicia. Combo completo, sin papas.
En la Argentina del “todo puede pasar”, Wanda se separa, vuelve, borra, sigue, deja de seguir y reaparece como si nada. Porque si algo aprendimos de ella es que nunca hay punto final, apenas puntos suspensivos…
Como decía Moria: “si vas a hablar de mí, que sea con nombre y apellido”. Y Wanda, fiel a su estilo, otra vez logró que todos hablemos de ella. Aunque sea para preguntarnos lo de siempre: ¿Esto se terminó… o recién empieza?
Continuará… porque en la novela Wanda Nara, siempre hay otro capítulo cargado al Story.