URBAN CITIES: EL FUTURO YA LLEGÓ A BUENOS AIRES

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URBAN CITIES: EL FUTURO YA LLEGÓ A BUENOS AIRES

Por Walky Verdú

Mi experiencia en Urban Cities Buenos Aires 2026 empezó esta mañana apenas crucé las puertas de la Usina del Arte y entendí que no estaba entrando simplemente a otro congreso de esos donde abundan las acreditaciones colgando del cuello y el café de cortesía. Había otro mood, bastante más polished. La arquitectura monumental de la Usina, en pleno corazón de La Boca, funcionaba como un marco absolutamente divino para hablar nada menos que del futuro. Entre funcionarios, empresarios, académicos, emprendedores y ese mundillo tech que maneja términos como ecosistema, smart cities y data con una naturalidad que en otros ámbitos reservamos para pedir un flat white, comenzó una jornada que reunió a representantes de más de 300 ciudades argentinas.

La apertura estuvo a cargo de Jorge Macri, que planteó algo bastante concreto: la tecnología no puede convertirse en un coqueto accesorio de gestión sino en una herramienta capaz de hacer las ciudades más vivibles. En una Usina con más de 50 intendentes y representantes de las 24 jurisdicciones, habló de inteligencia artificial, talento y de la necesidad de que la mayor cantidad posible de argentinos quede “del lado de los ganadores” frente a la revolución tecnológica. Y entre nosotras, ahí estuvo uno de los conceptos que sobrevoló toda la jornada: modernizar por modernizar puede quedar muy fancy en un PowerPoint, pero si no te simplifica la vida, es puro cotillón digital.

Después llegó esa parte que a mí particularmente me resultó más interesante: caminar, escuchar conversaciones y descubrir que Urban Cities tenía bastante menos solemnidad de la que una imagina cuando lee “Primer Congreso Federal de Ciudades Inteligentes”. Había networking, reuniones, paneles simultáneos, experiencias y gente intercambiando proyectos casi al pasar. Se habló de inteligencia artificial aplicada a gobiernos, interoperabilidad de datos, cooperación público-privada, federalismo, movilidad, ciberseguridad, cambio climático y servicios digitales. Francisco Forbes, Raúl Piola, Andrés Ibarra, Mateo Salvatto, Mercedes Miguel y Luciana Geuna fueron algunos de los nombres de una agenda enorme. Un auténtico full house de gestión e innovación.

Uno de los puntos más interesantes fue comprobar que la famosa “ciudad inteligente” dejó de ser aquella fantasía medio Jetsons de autos voladores y edificios que hablan. Hoy el lujo urbano, en términos reales, es bastante menos ostentoso: hacer un trámite sin perder una mañana, viajar mejor, sentirse seguro, acceder rápido a información y que las distintas áreas del Estado logren hablar entre sí. Macri mostró como ejemplo BAX, la plataforma de inteligencia artificial de la Ciudad que permite gestionar trámites, turnos, documentos y credenciales mediante texto, voz e imágenes. Después hubo paneles sobre ciudades en tiempo real, movilidad integrada y servicios digitales. Digamos que el nuevo quiet luxury municipal podría ser que nadie te pida por quinta vez una fotocopia del DNI.

También hubo una mirada federal que me pareció particularmente valiosa. En el mismo espacio convivieron intendentes como Soledad Martínez, Daniel Passerini, Julio Alak, Santiago Passaglia, Bruno Pogliano, Carlos Koopmann, Susana Laciar y representantes de ciudades con problemáticas completamente diferentes. Porque una cosa es teorizar sobre transformación urbana desde un rooftop de Palermo y otra bastante distinta es conseguir que una solución tecnológica funcione igual en Buenos Aires, Zapala, El Bolsón o Campo Quijano. Esa conversación entre territorios, universidades, empresas y gobiernos fue probablemente lo más chic de todo el encuentro, usando “chic” como corresponde: inteligencia, intercambio y cierta elegancia para dejar el ombligo propio por un rato.

Me fui de Urban Cities con esa sensación deliciosa que dejan las jornadas donde una entra esperando escuchar sobre tecnología y termina pensando, en realidad, en personas. Porque detrás de la inteligencia artificial, los datos, las pantallas y los términos sofisticados seguimos estando nosotros, con nuestras ciudades imperfectas, nuestros horarios imposibles y nuestra ancestral batalla contra el trámite que “se cayó del sistema”. La Usina del Arte fue hoy el escenario de una conversación bastante más profunda que un simple congreso: qué ciudad queremos habitar y cuánto estamos dispuestos a cambiar para conseguirla. Como experiencia, fue intensa, cosmopolita, federal y tremendamente estimulante. Y si el futuro urbano va a llegar inevitablemente, darling, por lo menos que nos encuentre viviendo mejor.

Walky Verdú
Revista La Realidad

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