Hay mesas televisivas que parecen armadas con escuadra, protocolo y agua mineral sin gas. Y hay otras donde basta sentarse para que empiecen a saltar chispas. Gastos, Lujos y Polenta, por Diucko TV Digital, eligió claramente la segunda opción. Con Cristian Iuale y Myriam Verdú en la conducción, la visita del legislador porteño Pablo Donati, Rosmery “Oscurita” Maturana y Gabriel González, el inolvidable “Rosita” de Pasión de Sábado, más Gonza Guardia, El Archivólogo, en el panel, terminó convirtiéndose en una charla de esas bien porteñas: un poquito salón del Jockey, un poquito café de Corrientes y un poquito reunión familiar donde alguien termina diciendo lo que no convenía. Donati llegaba, además, con currículum suficiente para que la charla no quedara en espuma: es contador público, legislador porteño con mandato hasta 2027 y referente de Republicanos Unidos, espacio cuya presidencia partidaria ejerció durante el período 2024-2026.
El primer round serio fue educación e inteligencia artificial, un asunto que muy rápidamente dejó de ser conversación tecnológica para transformarse en discusión de país. Donati planteó que la IA debería incorporarse a los programas educativos porque, según su mirada, la transformación laboral que se viene no pertenece a una película futurista sino a los próximos años. Pero la mesa le puso una objeción bastante menos glamorosa y bastante más argentina: antes de hablar de algoritmos hay chicos que todavía necesitan aprender correctamente a leer y escribir y escuelas que ni siquiera tienen conectividad. Donati recogió el guante, corrigió el planteo y terminó poniendo la educación como política de Estado, con una frase incómodamente cierta: invertir en educación no suele “garpar” electoralmente porque sus resultados aparecen después de muchos años y acá las urnas vuelven cada dos. En medio de aquello apareció incluso el servicio militar, y Donati relató un episodio personal fuerte: hacía la colimba cuando comenzó la guerra de Malvinas y sostuvo que una nómina de dieciséis soldados, entre los que figuraba él, quedó fuera del traslado. No se presentó como veterano y dejó en claro que aquella circunstancia todavía le representa una espina personal.
Después vino la política sin rouge. Oscurita, que sabe perfectamente lo que es circular por ese mundo, entró con una mirada bastante menos romántica sobre los palacios: recordó su paso por espacios políticos y su experiencia cercana a campañas y dirigentes, mientras Gabriel González sorprendía a quien todavía lo conserva mentalmente con peluca y vestido de “Rosita”. Porque detrás del personaje hubo durante años militancia social y política: González contó que trabajó en la Fundación Banco Provincia junto a Karina Rabolini entre 2011 y 2015, participó del armado de Encuentro Republicano Federal vinculado a Miguel Ángel Pichetto y actualmente trabaja dentro de Nuevos Aires, espacio con presencia bonaerense. Su recorrido público ya venía mostrando esa transición: en 2022 anunció que dejaba en pausa a Rosita después de unos quince años en Pasión de Sábado para involucrarse de lleno en política, luego de años de actividad social, mientras medios anteriores habían registrado el trabajo de su ONG con comedores. Como dice el refrán, “el hábito no hace al monje”: debajo de la peluca había bastante más territorio del que muchos imaginaban.
Pero donde la sobremesa se puso deliciosamente filosa fue con Javier Milei y su entorno. Ahí Oscurita hablaba con una credencial difícil de discutir: Rosmery Maturana fue asesora de imagen de Milei durante su campaña, participó de decisiones sobre su vestuario y es la mujer detrás de algunas modificaciones de aquel look que terminaría volviéndose parte del personaje político. TN ya había contado en 2023 que buscó sacarlo del negro y estuvo detrás de prendas que el entonces candidato terminó instalando durante la campaña. En Gastos, Lujos y Polenta, Maturana relató además comunicaciones con colaboradores de aquel armado y aseguró que en determinado momento le informaron que Santiago Caputo pasaba a encargarse de la comunicación. La discusión derivó entonces hacia todos los dirigentes y funcionarios que fueron quedando en el camino desde la llegada del mileísmo al poder. Donati sumó nombres como Ramiro Marra, Diana Mondino, Guillermo Francos y Fausto Spotorno y soltó un dato partidario curioso: afirmó que Manuel Adorni todavía figuraba afiliado a Republicanos Unidos y que él mismo había hecho una presentación al detectarlo en el padrón partidario. Sobre Milei fue crítico con su comunicación y sostuvo que una Presidencia exige una conducta institucional distinta. Ahí la máxima criolla cayó sola: “Cría cuervos…”. El resto ya lo conoce hasta el perro del vecino.
La Ciudad tampoco salió peinada para la foto. Donati defendió aspectos de la gestión de Jorge Macri, habló de obras de infraestructura, salud pública y la historia clínica unificada, y calificó a Buenos Aires como una ciudad pujante, pero la mesa empezó a pasarle la factura del día a día: basura, horarios de recolección, tránsito, estacionamiento y, especialmente, personas en situación de calle. Se produjo uno de los mejores cruces del programa porque nadie se refugió demasiado en el PowerPoint. Donati sostuvo que recorrió centros de inclusión social desde su trabajo legislativo y detalló distintos mecanismos de asistencia; enfrente le marcaron que existe gente que rechaza esos dispositivos y cuestionamientos al trato que reciben. Hasta de una discusión doméstica sobre a qué hora sacar la bolsa terminó saliendo algo concreto: ante el reclamo por ampliar los horarios, Donati aceptó que la observación podía ser válida y se comprometió a llevar el tema a discusión. Esa, quizá, fue una de las escenas más interesantes: la política bajando del atril y escuchando el ruido del camión de basura, que en Buenos Aires puede ser bastante más pedagógico que veinte consultores juntos.
Y cuando parecía que ya no entraba un tema más en el living, El Archivólogo sacó las cartas. Porque si la política argentina desde hace décadas parece escrita por un guionista con insomnio, agregarle tarot era prácticamente ponerle escribano. Gonza Guardia llevó a los invitados hacia 2027 y preguntó por futuras candidaturas: las cartas dejaron señales alentadoras y, para Oscurita, apareció El Mundo, arcano asociado a culminación, realización y plenitud, mientras alrededor de la mesa ya la imaginaban candidata. Fue el broche perfecto para un programa que pasó de Spinetta y la memoria histórica a Malvinas, Milei, el poder, las veredas porteñas y el futuro electoral sin perder el humor. Cristian Iuale fue llevando los tiempos cuando aquello amagaba con convertirse en sesión extraordinaria; Myriam Verdú aportó esa mezcla de picardía y pregunta callejera que desarma discursos preparados; Donati defendió sus convicciones aceptando discutirlas; Oscurita aportó información desde las entrañas de la política; Gabriel González mostró que detrás de Rosita había un dirigente con kilómetros recorridos; y El Archivólogo, fiel a su lema de que “archivo mata relato”, terminó consultando al único encuestador que todavía no apareció denunciado por errarle a una elección: el tarot. En Argentina ya se sabe: cuando creés que viste todo, falta el segundo bloque.
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