El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se prepara para imponer a China un nuevo arancel dentro de su política proteccionista, que afectaría a la segunda economía más grande del mundo bajo el argumento de que inunda el mercado global con productos “a precios irrisorios”, según fuentes cercanas al tema.
Dos de ellas revelaron que Trump está considerando fijar este nuevo arancel en un 7,5%. Según funcionarios del gobierno, dicha medida no comprometería la tregua comercial de un año entre Washington y Beijing, ni la reunión prevista en la Casa Blanca entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, que se espera para finales de septiembre. No obstante, los analistas anticipan una probable reacción negativa por parte de la República Popular, que recientemente condenó las sanciones unilaterales contra Irán.
De concretarse, esta medida parecería ser un esfuerzo calculado de la Casa Blanca para sortear una decisión de la Corte Suprema de principios de este año, que anuló el plan de Trump de implementar un esquema arancelario generalizado y elevado, sin precedentes desde la década de 1930. El tribunal determinó que solo el Congreso tiene la facultad de fijar impuestos.
Tras ese fallo, la administración Trump anunció en marzo el inicio de investigaciones formales sobre el exceso de capacidad industrial de China, que triplica a la de Estados Unidos, y sobre las regulaciones relativas al “trabajo forzoso” en ese país y en otras naciones. Estas acciones constituyen un recurso adicional para sostener la política proteccionista que caracteriza el segundo mandato del mandatario republicano.
No está claro si la administración estadounidense está cerca de tomar decisiones sobre las investigaciones iniciadas contra otras economías, incluyendo la Unión Europea, Singapur, Suiza, Noruega, Indonesia, Malasia, Camboya, Tailandia, Corea del Sur, Vietnam, Taiwán, Bangladesh, México, Japón e India, por supuestas prácticas comerciales desleales.
La Casa Blanca y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos no respondieron a solicitudes de comentarios sobre las deliberaciones arancelarias, anticipadas por Bloomberg News el pasado lunes.
Beijing llama al diálogo
La embajada china en Washington sostuvo que los asuntos económicos y comerciales deben resolverse mediante conversaciones bilaterales y no a través de acciones arancelarias unilaterales. Asimismo, rechazó que China tenga un problema de exceso de capacidad.
La investigación sobre el exceso de capacidad industrial de China se inició bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, que faculta al presidente para imponer aranceles a países que discriminen a empresas o al comercio estadounidense. Este nuevo arancel se sumaría a los ya vigentes contra China.
Fuentes cercanas a las deliberaciones señalaron que Trump aún podría cambiar de opinión respecto a esta medida adicional contra China. De aprobarse, se sumaría a los gravámenes del 10% al 12,5% anunciados el mes pasado para 60 economías, a las que la administración acusa de no aplicar eficazmente la prohibición de productos fabricados con trabajo forzoso.
Cabe destacar que, al tratarse de impuestos internos, estos aranceles son pagados por los consumidores al adquirir productos importados terminados y por los fabricantes que importan insumos, quienes trasladan los costos al precio final. Esta situación incide en la inflación de Estados Unidos y genera preocupaciones políticas.
Diversos países, incluida China, protestaron contra esta medida, que entró en vigor justo al vencer el plazo de los aranceles temporales impuestos por Trump tras la anulación en febrero por parte de la Corte de los aranceles “recíprocos” aplicados a casi todos los socios comerciales de EE.UU.
En el contexto chino, la mejora en la calidad de sus productos y el auge de las exportaciones llevaron el superávit comercial del país a un récord de casi 1,2 billones de dólares el año pasado.
Fuente: AP
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