ANTE GARMAZ: EL HOMBRE QUE PUSO UN DESFILE EN LA TELE CUANDO EL PAÍS TODAVÍA MIRABA TODO EN BLANCO Y NEGRO

Escuchar esta noticia
Powered by Evolucion Streaming
x1

descarga (27).png

«Cada uno hace de su vida una obra de arte… o un mamarracho». Si hubiera existido una frase que definiera a Ante Garmaz, probablemente habría sido esa. Porque en una Argentina donde la televisión todavía caminaba con traje gris, él apareció vestido de colores, con un pañuelo de seda al cuello, hablando de moda, de elegancia y de buen gusto cuando eso parecía un idioma extranjero. A quince años de su muerte, El Archivólogo vuelve a abrir uno de esos cajones llenos de recuerdos que la televisión argentina no debería dejar juntar polvo.

Porque Garmaz no fue solamente un conductor. Fue un personaje irrepetible. De esos que hoy difícilmente encontrarían lugar en una pantalla donde todo parece medido por algoritmos y tendencias. Cuando sonaban los primeros acordes de «New York, New York» en la voz de Frank Sinatra, uno ya sabía que estaba entrando al universo de Ante Garmaz. Y ese universo era distinto. Había modelos, entrevistas, glamour, diseñadores, arte, perfumes caros y esa sensación de estar viendo algo europeo, aunque se hiciera desde un estudio de ATC.

Mientras muchos todavía discutían si la moda tenía lugar en la televisión, Garmaz ya la estaba convirtiendo en protagonista. Y eso, en la Argentina de fines de los ’80, era casi un acto de rebeldía. Nacido en Croacia como Antonio Jorge Garmaz, llegó siendo un chico al Chaco junto a sus padres, que buscaban ese viejo sueño de «hacerse la América». De aquellas pensiones familiares a convertirse en uno de los hombres más elegantes del país hubo un largo camino. Primero vendedor de seguros. Después modelo. Y no cualquier modelo.

En aquellos años subirse a una pasarela siendo hombre era casi exponerse al escarnio público. Las cargadas estaban garantizadas. Pero Garmaz nunca le tuvo miedo al qué dirán. Como decía Tato Bores: «En este país todos opinan de todo». Y Ante decidió que las opiniones nunca manejarían su vida. Fue uno de los primeros personajes públicos en no esconder jamás su homosexualidad. No la anunciaba como una bandera ni la disfrazaba de misterio. Simplemente vivía como quería. En una época donde eso podía costar trabajos, contratos y hasta amistades. Y vaya si hacía falta coraje para eso. Pero había algo todavía más curioso. Detrás del diseñador refinado había un fanático del fútbol. Sí… fútbol.

Mientras muchos creían que la moda y la pelota vivían en planetas distintos, Ante mezcló ambos mundos con absoluta naturalidad. Hizo desfilar a Amadeo Carrizo con un tapado de piel cuando eso parecía un delirio de Fellini. Era hincha de Boca, pero diseñó la corbata con la que Ángel Labruna rompió la maldición de River en 1975. También confeccionó los elegantes trajes con los que Boca viajó a Japón para jugar la Copa Intercontinental de 2003. Como si eso fuera poco, llegó a ser vicepresidente de Chaco For Ever.

Como diría el Bambino Veira: «El fútbol es lo más importante de lo menos importante». Y Ante lo entendía mejor que muchos. El cine también lo sedujo. Participó en varias películas durante los años ’60 y ’70, aunque su verdadero escenario terminó siendo la televisión. Todo empezó casi de casualidad en el programa de Pinky. Una pequeña sección llamada El guardarropas de Adán alcanzó para que alguien entendiera que ese hombre tan particular tenía madera de conductor. Y nació El Mundo de Ante Garmaz.

Hoy cualquiera arma un streaming desde el living de su casa. Pero en aquella época hablar de tendencias, diseñadores y alta costura por televisión abierta era casi una extravagancia. Garmaz convirtió ese pequeño estudio en un rincón sofisticado donde convivían la moda, las entrevistas y el buen vivir. Era exigente. Tenía fama de complicado. Más de un colaborador todavía recuerda su carácter fuerte. Y sí… seguramente hoy muchas de aquellas formas serían cuestionadas. Eran otros tiempos. Otros códigos. Otra televisión. Pero también es cierto que nadie podía negar que tenía una identidad imposible de copiar. Como decía Mirtha Legrand: «Como te ven, te tratan». Y Ante hacía del estilo casi una religión.

Jamás fue un hombre de ahorrar. Prefería gastarse todo en viajar, vestir bien, coleccionar sombreros, corbatas, perfumes y recuerdos. Era, como él mismo decía, un verdadero bon vivant. Vivía para disfrutar. Vivía para sorprender. Vivía para ser distinto. Los últimos años llegaron acompañados por la enfermedad. El cáncer fue apagando lentamente esa figura que parecía eterna. Finalmente murió el 16 de julio de 2011, a los 83 años, dejando un vacío silencioso. Porque hay personajes que envejecen. Y hay otros que simplemente desaparecen cuando la televisión deja de fabricar personalidades únicas.

El Archivólogo suele repetir que la televisión argentina no solamente perdió programas; perdió personajes. Y Ante Garmaz pertenece justamente a esa especie en extinción. No buscaba likes. No necesitaba viralizarse. No seguía tendencias. Las creaba. Fue elegante cuando la elegancia no daba rating. Fue auténtico cuando convenía disimular. Y fue libre cuando la libertad todavía tenía un precio demasiado alto. Quizás por eso hoy, quince años después de su partida, sigue despertando la misma sensación que provocaba al entrar en escena: la de estar viendo a alguien absolutamente distinto.

Y en una televisión donde cada vez cuesta más encontrar originales, eso vale muchísimo más que cualquier desfile de moda.

Compruebe también

DEL OBELISCO AL PLACARD: CUANDO LA SCALONETA SE METE EN LA MODA Y EL CELESTE Y BLANCO SE VUELVE TENDENCIA

DEL OBELISCO AL PLACARD: CUANDO LA SCALONETA SE METE EN LA MODA Y EL CELESTE Y BLANCO SE VUELVE TENDENCIA

▶ Escuchar esta noticia Powered by Evolucion Streaming x1 Hay cosas que en la Argentina …