La bomba la tiró Débora D’Amato en “A la tarde”, sin anestesia y con data caliente de fuentes cercanas a Evangelina Anderson, hoy más firme que nunca en su rol de madre full time y participante de MasterChef Celebrity.
Según contó la periodista, el conflicto no pasa por la guita, sino por algo mucho más sensible: cómo, cuándo y de qué manera se les explica a los hijos que papá ya está en otra.
“Para Evangelina fue terrible no que él tenga novia, sino los tiempos y las formas en que se prepara a los chicos para esta nueva realidad”, deslizó D’Amato.
Y ahí empieza el cortocircuito. Porque —siempre según el entorno de Eva— Demichelis no consensuó nada. Ni charlas previas, ni transición cuidada. Nada. Como diría Moria: “No hubo acuerdo, hubo hecho consumado”.
La cosa está tan tirante que Evangelina y Demichelis directamente no se hablan. Para organizar las fiestas de fin de año, tuvieron que recurrir a abogados. Sí, leíste bien: abogados para ver quién se queda con los chicos en Navidad y Año Nuevo. Una postal que duele.
Los hijos pasaron parte del verano con el ex DT en Punta del Este, pero la situación —dicen— fue todo menos ideal.
“La cuestión económica no es lo prioritario”, aclaró D’Amato, aunque dejó una frase que picó fuerte:
“Él está flojo de papeles, pero hoy eso no es lo prioritario para Evangelina”.
Lo central, insiste Eva, es la contención afectiva. Y ahí aparece el dato que más ruido hace: Demichelis habría reconocido ante la abogada de ella que no tiene un lugar físico donde vivir ni donde recibir a sus hijos.
Y acá llega la frase que ya es título, zócalo y sentencia:
“Él hace vida de tío”.
Dura. Demoledora.
Según relató D’Amato, Evangelina sale a laburar, deja a los chicos al cuidado de su hermana, y el padre los pasa a buscar de vez en cuando para merendar… pero después los devuelve.
No se quedan a dormir. No hay rutina. No hay espacio propio.
Para el hijo mayor, dicen, es más fácil. Entiende. Pero para las nenas más chicas, la cosa se vuelve cuesta arriba. Porque no es lo mismo explicar un cambio que vivirlo.
Este domingo, encima, una de las nenas cumple años. Y los padres no tienen vínculo entre ellos. No hay charla, no hay acuerdo, no hay “lo hacemos por los chicos”. Cada uno en su vereda, mirando de reojo.
Demichelis hoy no está trabajando, pero —según el entorno de Eva— tampoco tiene tiempo ni lugar para estar con sus hijos.
Y Evangelina, que no necesita salir a laburar pero lo hace igual, siente que la maternidad le cayó encima sola, sin red, sin acompañamiento y sin equipo.
Como decía Maradona, “la pelota no se mancha”, pero las separaciones… esas sí.
Y parafraseando a Dolina, en uno de esos cierres que duelen: “Los hijos no deberían pagar el precio de los amores que se rompen. Porque el amor se termina, pero la paternidad —si es de verdad— no se toma vacaciones”.
Y acá, parece, el tío está ganándole al padre.
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