El regreso de los Martín Fierro después del paréntesis dictatorial fue puro show: lágrimas de Larrea, el vestido rebelde de Luisina, Badía mascando bronca y Campolongo buscando cartera. Una noche con más perlitas que una joyería de la calle Libertad.
Domingo 8 de mayo de 1988, Estudio 1 de ATC. Volvían los Martín Fierro y con ellos volvía el fulgor de la tele argentina. Trece años habían pasado desde la última entrega en democracia y la expectativa era enorme. Esa noche, como dice el tango, hubo de todo: emoción, quilombo, abrazos eternos y caras largas para la historia.
Larrea, el Messi de la gala
Héctor Larrea se llevó todo: premios, aplausos, cámara y besos. Con Seis para Triunfar en Canal 9 y Rapidísimo en radio, se consagró como el gran campeón. Cuando le dieron la estatuilla, el hombre explotó: beso a Ely, su mujer, alarido, se agarró la cabeza, parecía que le habían dicho que volvía el 1 a 1. Fue “el gran triunfador de la noche” y encima con Rina Morán en su mesa, que también levantó su propio Fierro.
Luisina Brando, la más abrazada
La Brando apareció con un lookazo nuevo y un vestido que daba qué hablar. Ganó como mejor actriz y cada vez que alguien la abrazaba, el vestido se le corría un cachito más. Resultado: se pasó la noche entera acomodándose la tela. La más dicharachera, la reina de la mesa, la que no paraba de tirar simpatía.
El redecepcionado: Badía
Juan Alberto Badía llegó confiado, seguro de que se llevaba el premio. Pero no. Cuando lo nombraron a Bergara Leumann, la cara de Marisa, su hermana, fue un poema. El aplauso fue educado, pero la bronca se olía a metros. Como diría Moria: “Si querés llorar, llorá”.
Campolongo y la cartera fantasma
Carlitos Campolongo fue el más salado: perdió el premio contra Santo Biasatti y, como si fuera poco, le afanaron la cartera en plena ceremonia. Llegó la policía, se armó un mini quilombo y el pobre se fue a casa con las manos vacías. Ni premio, ni cartera, ni glamour.
Sofovich y el after eterno
Gerardo Sofovich se quedó después de la ceremonia caminando los pasillos como quien recorre Corrientes a las tres de la mañana. Saludó a todos, charló con cada uno y estiró la noche como si no quisiera que se termine. En el Martín Fierro, como en el truco, el que sabe esperar siempre liga.
Rina Morán, la voz más aplaudida
Rina, histórica locutora, se llevó su estatuilla y fue de las más felicitadas. Entre aplausos y abrazos, quedó claro que la radio también tenía su reina de la noche.
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Balance final
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ATC fue el gran ganador institucional con 9 estatuillas.
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Radio Rivadavia se consagró en el dial con 7 premios.
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La gala fue una montaña rusa de emociones: hubo lágrimas, broncas, robos, vestidos rebeldes y abrazos que hicieron historia.
El regreso de los Martín Fierro en el 88 fue exactamente eso: la foto de una Argentina que volvía a premiarse a sí misma, aplaudiéndose como si nada hubiera pasado en la década anterior. Porque si hay algo que nos define es esa mezcla de emoción genuina y sainete desopilante.
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