Mirá vos, che. Hoy el calendario nos sopla en la oreja un número que mete cosquilla y nostalgia: 92 años del nacimiento del Negro Olmedo, ese rosarino pícaro que salió del barro de Pichincha y terminó en la gloria de la tele, el teatro y el cine argento.
El Negro fue como ese amigo que siempre te salva la noche con un chiste. El tipo venía de dormir en conventillo con cocina al fondo y baño compartido, de vender agujas en la calle y de currar en la carnicería. Y sin embargo, con esa hambre de pibe pobre, se metió de caradura en un teatro y dijo: “¿no habrá un laburito pa’ mí?”. Y lo hubo.
Después fue tiracables en Canal 7, hasta que en una cena se mandó arriba de una mesa a imitar a los jefes del canal. Ahí se ganó el primer aplauso y nunca más bajó de escena.
El Capitán Piluso, el Manosanta, Rogelio Roldán, Rucucú, el Yeneral González… personajes que, si hoy los pibes los descubren en TikTok o YouTube, quedan manija. Porque Olmedo era eso: pura improvisación, puro ingenio. El loco veía una cámara y ya sabía la toma que estaban haciendo. Y cuando decía “tiene algo especial en realidad”, hablaba de sí mismo sin darse cuenta.
Las minas lo adoraban, los tipos lo imitaban, y la gilada lo seguía como a un santo profano del humor. Con Porcel, con Susana, con Moria… llenó la tele de sketches que siguen siendo oro puro.
Pero ojo, que también tenía su “lado B”. El éxito lo empujó a la noche, a las minas, a los excesos. Y así se fue, en ese balcón de Mar del Plata, demasiado pronto. Como dijo Tato Bores una vez: “El Negro no murió, se nos escapó de gira eterna”.
⚖️ El Veredicto del Archivólogo
Y vos, lector, no te me hagas el distraído. El Negro Olmedo no fue sólo un cómico que te hacía mear de risa: fue un pedazo de la cultura popular argentina, la misma que hoy algunos quieren achicar con tijerita de burócrata. Porque sin cultura no hay risas, no hay cine, no hay teatro, no hay nada que te mueva el cuore después de un día de laburo.
El INCAA, los teatros, los festivales, los guiones que salen de la olla de nuestra identidad… todo eso es lo que mantiene vivo el fuego que tipos como Olmedo encendieron. No te confundas: ahorrar en cultura es como cerrar la canilla de agua y después quejarse de la sed.
Así que hoy, en este natalicio 92, brindamos con un vinito barato y decimos: Negro, gracias por el quilombo hermoso que armaste. Y que nunca nos falte un escenario donde siga naciendo un Olmedo más.
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